Valparaíso: poema hecho canción o viceversa

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Por Jorge Arturo Flores

La música popular no se presta ciertamente para el cultivo de la poesía en sus letras, aunque hay excepciones. Y varias. Partiendo por el tango. Generalmente los autores cogen un poema y le colocan melodía. Son los menos. Los más son los que primero tienen la melodía y luego insertan la música. O suele ocurrir también que sucedan ambas cosas en forma paralela. En fin, el tema es extenso y puede debatirse.

No sabemos si el Gitano Rodríguez realizó alguna de esas acciones en su célebre canción Valparaíso.

Al escucharla emerge de inmediato el fulgor de sus letras. Existen allí metáforas o imágenes estupendas, un tanto deslustradas, eso sí, propio de un paisaje mental debilitado por el recuerdo. Son imágenes al aguafuerte. Es, en el fondo, parte de una biografía que, aparentemente, fue dura. Hay nostalgia, existe una emoción muy contenida, casi glacial, es más bien una mirada narrativa y expositiva antes que visceral, pero en las costuras se le nota el dejo melancólico y las ansias por reverdecer la infancia. No es alegre. Palabras como “fría, pobre, pobreza, encadenó, destiñó, manto de tristeza, temporal, lluvia, desperdicio, muerte, hambre”, etc. configuran una imagen no precisamente jovial.

Pero tiene algo que amarra … “como el hambre”.

La melodía es reiterativa, como una salmodia. Se corta cuando comienza otra estrofa con un interludio que da paso a la guitarra o al acordeón o el piano. Luego vuelve parejo, solo muda la letra. El autor no cierra su canción con algún tono, énfasis, compás o lo que sea, sino queda como en el aire. Se acaba no más. Las versiones de CHAMAL y de una cantante peruana lo concluyen bien. Le da el punto final. Los Jaivas, por su parte, respetan al autor.

En realidad se echa de menos el final, distinto al ritornelo de la canción.

Esto es un simple análisis a la letra y música, propia de un lector que vio un poquito más allá de su letra y música. Hay en todo caso una sola definición: es bella canción, es bella melodía. Tiene algo impalpable que va más allá del simple sentido. Tanto, que los porteños la han hecho sumamente popular y suya.

Leamos nuevamente la letra de este vals popular, que ha trascendido fronteras y que nos agrada sobremanera.

VALPARAÍSO

Yo no he sabido de su historia,
un día nací allí, sencillamente.
El viejo puerto vigiló mi infancia
con rostro de fría indiferencia.
Porque no nací pobre y siempre tuve
un miedo inconcebible a la pobreza.

Yo les quiero contar lo que he observado
para que nos vayamos conociendo.
El habitante encadenó las calles
la lluvia destiñó las escaleras
y un manto de tristeza fue cubriendo
los cerros con sus calles y sus niños.

Y vino el temporal y la llovizna
con su carga de arena y desperdicio.
Por ahí paso la muerte tantas veces
la muerte que enlutó a Valparaíso
y una vez más el viento como siempre
limpió la cara de este puerto herido.

Pero este puerto amarra como el hambre,
no se puede vivir sin conocerlo,
no se puede mirar sin que nos falte,
la brea, el viento sur, los volantines,
el pescador de jaibas que entristece
nuestro paisaje de la costanera.

Yo no he sabido de su historia,
un día nací allí, sencillamente.
El viejo puerto vigiló mi infancia
con rostro de fría indiferencia.
Porque no nací pobre y siempre tuve
un miedo inconcebible a la pobreza.