Julio Barrenechea: espejo del sueño

Julio_Barrenechea_Pino

Prohíbese la reproducción de este texto, salvo que se indique el nombre del autor y su fuente.

Jorge Arturo Flores

Julio Barrenechea es uno de los grandes autores chilenos. Falleció El 9 de noviembre de 1979. Fue Premio Nacional de Literatura 1960, parlamentario, diplomático, miembro de la Academia Chilena de la Lengua. Publicó en vida 16 libros y póstumamente se editaron 3. Su tarea literaria fue acogida generosamente por la crítica literaria. Como en todas las cosas, hubo juicios dispares, pero jamás tan relevantes como para nublar su faena. Laboró tanto en la poesía, que es lo más destacado en su trayectoria, como asimismo, en la prosa.

Definitivamente la poesía es su fuerte.

ESPEJO DEL SUEÑO (1935)

Es el segundo libro publicado. El primero fue Mitin de Mariposas (1930). Sin embargo, la obra cumbre y que sobrepasó todas las expectativas es “Espejo del sueño”. Caso curioso porque en general los poetas y escritores se hacen conocidos con su primera obra. A veces es su tarjeta de visita. Aunque hay varias excepciones. Pues bien, este libro de juventud llamó poderosamente la atención por su poesía límpida, tierna, sencilla, con temas comunes, provisto de una cantidad importante de bellas imágenes.

En el texto aparecen varios poemas que son selectos, pero nos detendremos en tres: uno, es el más famoso, “Esquina con Flauta”, invitado permanente en las antologías. No lo transcribiremos porque pensamos que es archi conocido. El otro es menos célebre, pero no por eso  profundo y agradable: trata sobre la abuela.

Copiemos algo del relacionado con la abuela:

 

Mi abuela es pequeña y distante

Llena de asuntos lejanos.

Situada al fin de muchos años

En el comienzo de mi padre.

Es pequeña como una aldea.

Y desde allí mi padre un día,

Salió con su atado de música

A andar por la vida del mundo.

Fíjense en las sencillas imágenes, nacidas con gracia y simpleza. La narración es fluida y va insertando  el retrato preciso de la protagonista.

Un monumento a la ternura y a la sencillez.

El campo es fuente de creación para muchos bardos. La naturaleza es pródiga en imágenes y todos quieren aprehenderla, colorearla, darle fisonomía en el papel. Capturarla. No siempre se consigue. Pero hay esfuerzos que lo conquistan. Léase este poema:

Echado bajo el cielo el campo se ha dormido.

Bien ganado descanso de labriego extenuado.

Se ha sacado la manta de colores del día,

Para estirar los músculos de sus cerros cansados.

Bien ganado descanso de quien se pasó el día

Haciendo el aire puro y empujando los ríos.                 

Al borde los rieles alegrando los viajes.

Llenándole a los trenes las ventanillas de paisajes.

Bien ganado descanso el del campo dormido.

La luz lunar lo cubre con su sabana clara.

Y bajo el ancho pecho de tierras sigue un vivo

Trabajo de semillas, como si respirara.

 

Ciertamente se antropomorfiza la imagen del campo, pero qué bello, qué finura, que hallazgo de expresión en “Echado bajo el cielo el campo se ha dormido….. /para estirar los músculos de sus cerros cansados”.

Y este cuadro  maravilloso: Llenándole a los trenes las ventanillas de paisajes”.

Levantando los ojos del Espejo de Sueño y solo brevemente, nos topamos con su libro  “Rumor del mundo” donde hay un poema que habla de los amantes. Un tema que es recurrente, conocido, que es pan de todos los días y que ha acompañado a la humanidad desde su inicio. Lo que cambia acá es la mirada, pero, mejor dicho, el acierto del titulo: “El amor asesinado”. Se mata el amor todos los días, de cualquier manera, pero el poeta cree que la pasión escondida en las sombras, huyendo de la normalidad, escapando de las convenciones, es el amor asesinado.

Asesinado por los amantes.

Lo encontraron al fondo del otoño

Como un poco de cielo derribado.

Degollado de luz en lecho de oro.

Allí estaba el amor asesinado.

Eran de vidrios y cedro los amantes,

Eran dos urnas vivas, cada uno

Llevaba al otro dentro y transparentes

Mostraban sus cadáveres desnudos.

Y huían de ellos mismos los culpables

De la pasada dicha, de las noches

De cálido esplendor, de las amables

Tardes celestes del pasivo goce.

Huían por un bosque de sollozos

Pisando besos secos, desbrozando

Verdes caricias de turgente roce.

Y estaban solos, fríos y aterrados,

Viendo blanquear entre sus propias sombras

Los ojos del amor asesinado.

 

LA POESIA DE JULIO BARRENECHEA

Los temas que utiliza Julio Barrenechea son variados: va desde el amor hasta las cosas sencillas de la vida, como por ejemplo el colegio, las alumnas, el columpio, la naturaleza, los ríos, pasando por lo complejo de la vida humana: el dolor, la melancolía, lo perecedero, la soledad, la muerte, etc.

El autor escribe fluidamente. No se aprecia el esfuerzo. Sus versos son delicados, en murmullo, abriendo paso a la cotidianidad, pero sin caer en el prosaísmo.

Es medido, justo, cálido.

Hernán del Solar dijo sobre su poemática: “Poesía clarísima, llena de emoción, a veces levemente risueña, de continuo leal en su amor a todas las pequeñas y nobles cosas de la vida. Se hace profunda sin cambiar el tono confidencial”.

Eso es, el tono confidencial. Es lo que resuma la poesía de nuestro autor, un tono bajo, calmoso, grácil, reposado, diciendo las cosas en forma, como hemos dicho, simple, sin renunciar a la profundidad y alertándonos sobre escenas que vemos a diario, pero que no reconocemos: la abuela, el hombre, la esquina y su flauta, el campo llenando de imágenes las ventanas del tren, los amantes que asesinan el amor, etc.

Finalmente, Alone, a quien agradó El Espejo del Sueño, dice: “Siempre halla el rasgo inédito, el matiz original e inesperado con una gracia que seduce sin esfuerzo y establece en el interior la armonía. Es una música de cámara que no usa los bronces ni hace entrechocarse los platillos metálicos, sino que pasa con arte mágico el arco por la cuerda, y, mediante ese solo movimiento, crea el éxtasis con tal segura maestría, que ya no queremos oír sino su acento y los demás, al lado suyo, nos resultan toscos, melodramáticos”.

Obras publicadas[Wikipedia]

El mitin de las mariposas (1930); Espejo de sueño (1935); Rumor del mundo (1942); Mi ciudad (1945); Diario morir (1954); Poesía completa (1958); Antología. Prólogo de Alone (1961); Israel: un árbol por cada muerto (1962); Frutos del país (1964); Ceniza viva (1968); Estados de ánimo (1970); Voz rendida (1975); Poema de Colombia y del ser (1977); El compadre mucho gusto (1978).

Tras su muerte, se editaron: La India no misteriosa (1982) y El sol de la India (1986).

 

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