Literatura Infantil en Chile

 PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN, SALVO QUE SE MENCIONE NOMBRE DEL AUTOR Y LA FUENTE.

Por Jorge Arturo Flores

Las obras escritas destinadas al consumo infantil han tenido en Chile espléndidos exponentes. Éstos desarrollan sus obras preferentemente en el Siglo XX y han trascendido. Son numerosos los escritores que abarcaron este segmento, pero hay dos que nos parecen los más relevantes, aunque uno de ellos no tenga el mismo eco que su colega.

No podemos pasar de largo, sin embargo,  y no mencionar la importancia que tuvo una revista infantil que dominó ampliamente el panorama hasta 1960. Trátase, sin duda, de la mejor revista infantil que ha nacido en Chile. Se llamó El Peneca. Constituyó el crisol donde varios autores vieron emerger sus relatos y devino en  maravillosa fuente donde abrevamos  en nuestra infancia, alentándonos a escribir y a desarrollar la imaginación.

Además, fue una revista adelantada a su tiempo.

El Peneca. Gracias, mil gracias por tu presencia en nuestras vidas.    

 

DOS ESCRITORES DE RENOMBRE

Hernán del Solar, Premio Nacional de Literatura, crítico y narrador, fundó allá por los años 40, junto a otro socio,la editorial Rapa Nui.Al principio escribían los dos, pero luego, como siempre ocurre, el socio desalentó y  el escritor hubo de llevar la tarea en solitario. Publicó, con diversos seudónimos, más de 60 libros dedicados al universo de los infantes.

Marcela Paz, Premio Nacional de Literatura, ha inscrito su nombre en el panorama de las letras nacionales con su personaje más conocido, Papelucho, lectura obligada en los colegios. El tiempo no ha conspirado contra su calidad.

Dos escritores distinguidos que caminaron por las sendas del relato infantil.

¿Por qué Hernán del Solar con sus pequeñas novelas no es tan conocido como lo es Papelucho?.

Cuestión de gustos,  oportunidad, temática y  manejo publicitario.

Los relatos del autor de Hazañas de Nap y Moisés están escritos en un estilo depurado con un lenguaje preciso, que apunta directamente al alma infantil y juvenil. Tiene variadas historias, incluso policiales, donde los animales también poseen su nicho. Es más intelectual en sus narraciones y por allí, tal vez, podríamos entrever su olvido. Justamente por ese aporte a la literatura de niños, le fue otorgado el máximo galardón de nuestras letras.

No como crítico, como podría pensarse.

A contrario sensu, Papelucho está  narrado con soltura, simpatía, jovialidad, ligereza y, lo más importante, humor. Además, su ambiente es el arquetipo de una familia de clase media y toca las fibras de la cotidianidad.

Hernán del Solar tiene más imaginación creativa y sus textos deben ser leídos por niños que están dejando esa calidad y comienzan a transformarse en jóvenes. A su amplia erudición, articula una fina ironía y un humorismo  esplendente.

Ambos, en todo caso, son excepcionales en su trabajo.

 

LOS OTROS REFERENTES DEL CUENTO INFANTIL

 

 Felizmente para nuestro país los cultores de este género literario abundan y los panoramas e historias así lo muestran.

Nombrarlos es lo menos que podemos hacer, rindiéndoles el homenaje que merecen por tan altruista labor.

Junto a los citados Hernán del Solar y Marcela Paz, se ubica la escritora Marta Brunet. También cernió su cabeza el  Premio Nacional de Literatura. La tarea de Marta Brunet ha pasado un tanto inadvertida en materias infantiles, en circunstancias que sus textos dirigidos a ese mundo son excelentes.

Hay un escribidor que se ha dedicado por entero a estos menesteres y debiera considerársele como el más prolífico: Saul  Schkolnik. También nombramos a dos autoras que juntas o separadas, han creado textos admirables para los infantes: Jacqueline Bacells y Ana María Guiraldes.

Hay más.

Pero cerramos esta nómina con  un autor que, aparte de dedicarse a la creación, también ha investigado este segmento literario. Nos referimos a Manuel Peña Muñoz, que ha sido el estandarte que sostiene en vilo la vigencia de la literatura infantil en Chile.

Se le agradece.

BREVE CONCLUSION

 

Para un país como el nuestro, tan aquejado siempre de pauperrismo literario, es un alivio contemplar como abundan los escritores que han dedicado su mirada artística al mundo de los niños. Esto nos otorga una esperanza que este material no envejecerá y estará siempre a la mano de quienes aun conceptúan  las flores del espíritu y  la imaginación creadora.

TEXTO: Jorge Arturo Flores

Publicada en la revista LA LETRA GRANDE.

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