Reinaldo Lomboy (Ranquil)

   

Alrededor de Ránquil  

Por Jorge Arturo Flores


Antecedentes históricos

Los sucesos, que ocurrieron en 1936, se instalan en los aledaños cordilleranos de Malleco, en una zona ubicada entre las sierras de Pemehue, Nevada y Velluda. En aquel lugar, los indígenas campesinos habían sido arrinconados por años en tierras que los chilenos no preferían. Era una zona agreste, callejón de contrabandistas de ganado argentino. Había sido arrebatada a los indígenas y repartidas entre colonos pobres. Las mejores tierras fueron a parar a manos de los nuevos latifundistas del siglo XIX y principio del siglo XX.

El Estado nunca se preocupó de otorgarle títulos de dominio.

En 1936 un terrateniente presentó una reclamación en Nitrito, exigiendo el desalojo de los campesinos que ocupaban las tierras que él reivindicaba como propios.

El libro de Reinaldo Lomboy

El escritor, que conoció e investigó los hechos, escribió un texto estremecedor, dramático y contundente sobre la gesta de los campesinos que, obligados a irse de sus tierras, debieron organizarse para combatir la injusticia.

Los carabineros, en este caso, el largo brazo de la ley, son los primeros en hostilizar a los dueños de la tierra, haciéndoles ver la necesidad de entregar la tierra.

De ahí parte el drama.

El libro es una exposición detallada de la lucha de los campesinos contra el frío, la nieve, el hambre y la posesión de la tierra áspera y hostil. De esta forma el planteamiento de la novela Ránquil de Lomboy se construye sobre la base de tres fuentes de reflexión: la injusticia social, manipulada por los terratenientes, que tienen en sus manos el marco de la ley; la rebeldía y sublevación de quienes se sientes despojados de legítimos derechos y, en lo profundo, la dramática lucha del hombre por sostener esas tierras y arrancarles el sustento para sobrevivir.

El problema del bien y del mal.

En el texto se visualiza la pugna atávica de los buenos y malos. Los buenos son los campesinos, injustamente oprimidos, dueños de la tierra y su esfuerzo por mantenerla a toda costa. Para ello se revolucionan y luchan, incluso al través de las armas.

Los malos son los carabineros y los que junto a ellos arrasan, disparan y atacan fuertemente a quienes se resisten a entregar la tierra.

Entonces, el lector también comienza a ejercer su juicio. Y como el relato es ágil, dramático y emotivo, su visión se empareja del lado de los buenos, mostrando su simpatía y respaldo.

Literatura de la tierra es la ofrecida por Reinaldo Lomboy. Un esfuerzo en torno a denunciar palmariamente las injusticias que se cometió en tiempos pretéritos sobre los poseedores de la naturaleza. Una óptica descarnada sobre hechos luctuosos que todo el mundo percibió como injustos, pero que la prensa y el dominio que entonces ejercía los poderes económicos y políticos, hicieron disminuir en su relevancia e impacto.

Texto necesario para hurgar en el pretérito y no olvidar las causas principales de lo que fue, en definitiva, el origen de la nación, una génesis plagada de arbitrariedades y de hechos que contrarían cualquier conciencia cristiana.

Por lo demás, nada nuevo bajo el sol.

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