GONZALEZ VERA: síntesis, estilo y humor

 

 

Por Jorge Arturo Flores        

                              Cuando le preguntaron a Alone cual era el mejor escritor chileno, expresó: “las categoría literarias son difíciles de juzgar, pero, íntimamente, para mi gusto, el autor nacional que me procura mayor cantidad de placer en el menor número de páginas, es González Vera.

No estaba muy equivocado el gran cronista literario.

Porque, en realidad, José Santos González Vera, que posteriormente en sus escritos descartó los dos nombres, quedando con los  apellidos, símbolo, una vez más, de su predilección por la economía lingüística, ha pasado por la historia chilena de la literatura como un autor que destacó por desarrollar tres virtudes que  hicieron descollar  su trabajo: el humor, la síntesis, el estilo.

Algunos lo han mirado exclusivamente del lado del humorismo.

Pero no, González Vera es mucho más que un humorista creativo.

No obstante ello, veamos estas tres virtudes que, a nuestro juicio, lo destacan del resto

ESTILO Y SINTESIS.

La síntesis y la brevedad son dones invalorables en el estilo. Es potestad de ciertos elegidos. La mayoría desborda con frenesí. Significa que, aparte de trabajar los textos, puliendo y desbastando con entusiasmo, hay que hacer voto de paciencia, humildad y desechar, desde ya, las ansias de expansión.

El vulgo aprecia bovinamente la cantidad y la asocia indefectiblemente con hondura

En realidad, lo breve y  sintético  equivale a excelencia, salvo las excepciones de rigor. Y para  sobresalir hay que tener, como decíamos, un talento especial.

En Chile hubo cuatro escritores que se manejaron magistralmente en estos campos: Alone, Edmundo Concha, Filebo y González Vera.

Este último  resalta en los retratos, en las estampas de sus personajes, en el dibujo exterior de las personas. En apretada síntesis, despacha un carácter, una cara, un cuerpo, añadiendo, como lo veremos después, la necesaria gota de ironía que cierra el boceto.

En eso es magistral.

Los críticos han extraído de sus libros varias descripciones de los protagonistas donde se observan justamente lo que hemos expresado. No caeremos en el vicio de repetirlo, pero bastará al desocupado lector adentrarse en la lectura de sus textos para comprobar este aserto.

El estilo, por consiguiente, tiende a adelgazarse, camina a pasos cortos, no abusa de la frase larga. Es una manera de decir las cosas en forma simple, llana, sin recovecos,  desnudando fríamente el ambiente, los caracteres, la fisonomía general de sus temas.

Es glacial.

Cierto. Es lo que le criticaron. Su mirada es inmutable, no hay entusiasmo ni ánimo exultante. Más bien reina cierta tristeza a lo largo de sus pasajes. Es verdad, en todo caso, que  los temas tratados no son para saltar con delirio ni concitan fervorosos aplausos: la mayoría de su temática es el ambiente del submundo, los conventillos, los desheredados de la fortuna y del amor. Mirado, eso si, desde otro prisma, sin críticas sociales. La pluma de González Vera describe, pinta, relata y pasa, sin contaminarse.

Otros hubieran preferido que se manchara, que agitara el puño, que gritara, marchando conla muchedumbre. Perono. Por naturaleza, González Vera descontaba esa actitud.

Esa forma de ser en la cotidianidad, también lo refleja en su trabajo, especialmente cuando publica sus reediciones “corregidas y disminuidas”.

Suave bofetada a la soberbia.

EL HUMORISMO DE GONZALEZ VERA

El relato humorístico es difícil per se. No es fácil hacer reír, sonreír o provocar carcajadas en el lector. En Chile son pocos los aficionados a estirar los labios. Abundan más bien los serios, cejijuntos, amargos.

Por ello que la obra de González Vera es tan atractiva.

Unido a un estilo que reverencia la síntesis y la brevedad, el autor nacional adiciona con verdadero talento la necesaria gota de humor que provoca más de una  sonrisa. Ojo, sonrisa, no risa. Su manejo de la lengua es tan comedido y mesurado que no permite la indiscreción de una carcajada hilarante.

Sólo la sonrisa.

Una sonrisa que hace cavilar al rato, buscando en el trasfondo la almendra que el prosista quiso describir. Entonces el lector se maravilla y vuelve a iluminarse.

El suyo es más bien un humor blanco. No es corrosivo ni se presta parala caricatura. Noobstante ello, a veces,  coloca pequeñas gotas de ácido o una ironía muy fina, aunque decidora.

Es como un prurito.

Dibuja, retrata, reflexiona. Todo serio. Pero inevitablemente agrega el corolario humorístico, la  partícula de mordacidad que remacha lo escrito.

Es su impronta.

La lectura de sus textos  tiene hallazgos notables de comicidad. Como su estilo es cortés, equilibrado, sorprende al lector con la intempestiva reflexión, un pensamiento generalmente satírico que hace sonreír y que obliga a leer con más calma, presintiendo que más allá volverá a saltar la liebre o volarla perdiz. Aveces, basta una palabra, entre comas, para hacer la gran diferencia. En otras, es el razonamiento mínimo, imprevisto, minimalista.

Esos saltos repentinos logran que su lectura se haga, evidentemente, más grata, olvidando la frialdad  de su estilo y exigiendo   concentración.

El humor, facultad matriz, lo distancia del resto y lo eleva, imperceptiblemente, a la cima.

LA OBRA

Su quehacer literario es vario. Va desde la novela hasta el cuento, pasando por las estampas, el ensayo y las memorias.

En la cuentística sobresale Necesidad de Compañía y La Copia y Otros Originales. La novela, si pudiéramos llamarla así, se encuentra en su autobiografía Cuando era Muchacho, Alhué y en Vidas Mínimas, ésta ultima, más bien en el trecho de la pequeña novela. El ensayo se reviste de simpatía con su libro Algunos y también lo encontramos en Eutrapelia.

El libro más voluminoso es “Cuando era Muchacho” y, el más breve, “Alhué”.

En todos los géneros su incursión es decorosa, original, espléndida.

¿Cuál es el género que domina con mejor talento?.  Puede ser la novela, pero, a nuestro juicio, donde se remarcan sus dotes de escritor minimalista, breve, sintético, con un estilo inmejorable, es en los cuentos. Como que se presta  para desenvolver sus virtudes. Es corredor de 100 metros, no de maratón. En ésta pierde algo de gracia y se lee  casi cuesta arriba. En cambio, en el relato breve, en las estampas, fulgura con especial brillo la impronta de su pluma, plena de hallazgos felices y originales.

Se aprecia mejor su vena humorística.

Ya se sabe, cuestión de gustos.

Dueño de un estilo magnífico, donde campea con inusual resonancia la brevedad, la síntesis, el humor, la ironía, el minimalismo estilístico, González Vera ha dado a la literatura chilena páginas memorables que lo encumbran entre los grandes expositores del arte literario y ha regalado  un trabajo  que respeta al leyente,  hace fácil su tarea, desmenuza con gracia, ingenio y mucho talento la fisonomía de los seres humanos, mostrando, al través del humor, realidades que pasan inadvertidas.

Un escritor que conviene releer siempre.

TEXTO Jorge Arturo Flores

Foto: Memoria Chilena

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