Federico Gana (La Señora)

 Prohibida la reproducción de este texto, salvo que se mencione el nombre de su autor y la fuente.

     

       

                Por   Jorge Arturo Flores

Federico Gana trató con acierto, simpatía y bondad, en su apretada producción literaria, el tema campesino. Tenía pleno conocimiento de ello puesto que vivió en el fundo El Rosario y trató a los hombres de trabajo. Por ello, entonces, su mirada alrededor del campo, siembras, animales y personas es tan certera, ahondando levemente en la psicología de ellos y matizando todo la narración con un lenguaje que denota una tierna bondad.

La Señora es un relato emocionado.

Trata del conocimiento que tuvo el narrador, al ir a un fundo a buscar bueyes, de una persona que, habiendo empezado desde abajo, logró superarse y, después de arrendar el terreno, lo adquiere. Hasta ahí todo podría notarse como normal, pero la curiosidad embarga al visitante cuando, invitando por el dueño de casa, lo hace pasar a un comedor donde se nota desde lejos que hay una mano femenina distinta a la simplicidad del campesino. Esto lo corrobora cuando surge una señora de años, canosa y de ademanes distinguidos, demostrando que conocieron mejores tiempos y otra cuna.

Luego conoce la historia.

El fue un huérfano, como muchos. Cobijado al amparo de la señora, que eran los patrones del fundo, estudió y, posteriormente, después de servir en la casa, salió a correr tierras. Luego de un tiempo prolongado, arrienda el fundo actual y  lo compra. Allí se impone de la situación de la señora que lo cuidó y educó.

No tenía tierras, estaba sola y vivía de allegada.

Para allá parte él y respetuosamente le ofrece su casa, sus tierras, todo, le pide que se vaya a vivir con él porque en esa casa ella siempre será La Señora.

Ella accede llorosa.

Y aquí tengo a mi viejecita hasta que se muera, ella es mi madre, todo lo que tengo en el mundo. Y si yo trabajo y gano algo, es para dárselo a ella”

Antes le había dicho: “Señora no permito que usted ande sufriendo. Véngase a su casa, a la casa de su chino, que ahí nada le faltará. No me desprecie”.

Palabras simples que envuelven un grado de emoción intenso. Además, muestra una lección de vida como pocas veces se da, retratando el lado cálido, afectuoso y esperanzador de un hombre sin gran cuna ni cultura, pero con un corazón así de grande y que no olvidó nunca a quien lo prohijó en su infancia y adolescencia.

En tiempos tan fríos y vehementes como los actuales, en que se prioriza el dinero, la ascensión social y el poder, resulta hasta balsámico la lectura de cuentos que muestran una faceta del hombre que se creía extinguida y que el milagro de las letras trae a la realidad.

Federico Gana lo consigue y debemos agradecer.

Más información sobre el escritor en http://www.SemblanzasLiterarias.wordpress.com

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