GUILLERMO BLANCO: ADIÓS A RUIBARBO

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Por Jorge Arturo Flores

Junto a “Gracia y el Forastero”, el cuento “Adiós a Ruibarbo” constituyen las dos obras más conocidas del escritor y periodista Guillermo Blanco.

Ambos son textos de lectura obligada en los colegios.

Ciertamente, al leerlos, los estudiantes no se aburrirán.

El cuento sobre el Ruibarbo es emocionante. Como sabemos, trata de la relación creada entre un chico de escasos años, pero con la maravillosa candidez y ausencia de maldad de los impúberes, con cuatro rocines de la panadería del pueblo. “Potrillo”, como le apodaron los dependientes del local, todos los días se sentaba al frente del inmueble, observando a los caballos de tiro. Ruibarbo era quien atraía su especial atención. A veces se acercaba y les pasaba lenta y suavemente la mano sobre el pelaje. Le musitaba “manco, manco Ruibarbo”. Era todas las jornadas. Después al colegio.
Ruibarbo estaba viejo.

Un mal día para ambos, uno de los cocheros, que enlazaba Ruibarbo al carruaje, le dio la mala noticia. Por gastado, Ruibarbo iríase al matadero.

El joven no durmió aquella noche, sobresaltado con la angustia inmensa del niño que ama a los animales y, en la noche, corrió al establo, llevando a Ruibarbo lejos de la ciudad.

Lo libera y, dándole una palmada, le dice Adiós.

El final es terrible.

Guillermo Blanco maneja con soltura la pluma y nos da un texto que se lee con sumo agrado. Describe con acierto las emociones del niño, como asimismo, recrea el ambiente y la atmósfera emocionada de la trama. No recarga la mano en las descripciones y sólo mantiene la tensión en base a los anhelos, sueños y desconcierto del protagonista.

Es un cuento bello, de alto vuelo, en que el autor recurre a la emoción, al amor, a la búsqueda de la bondad, tan abandonada por el ser humano, hacia los hermanos menores.

Son los relatos que hacen mirar con cierta esperanza la vida cotidiana, agradeciendo al creador de mundos por ofrecernos un manjar al que ya estábamos desacostumbrados.

Apostilla final: leyendo en el internet juicios, comentarios y trabajos sobre el texto referido, encontramos una impensable sorpresa. En el análisis del cuento, hubo algunos, alumnos o docentes, que lo cotejaron con los lamentables hechos ocurridos a partir del año 1973. Impresentable. Es llevar el dogmatismo, la fanatizacion y el ideologismo político a niveles abominables.

El texto fue escrito con anterioridad a los hechos citados por lo que, aun estirando la cuerda, no existe ninguna concordancia con lo que esos benditos docentes o alumnos quisieron darle.

Una vez más la maldita política entrometiéndose en los prístinos aires de la literatura.

La estulticia no tiene límites.

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