EL COMPROMISO DEL ESCRITOR

¿Para qué sirve la literatura, para qué un escritor?. A simple vista, para nada. Ambos son improductivos económicamente, solitarios en lo social e impredecibles en política, esto último, muy peligroso para los entes ideologizados.
Como no se insertan en el mundo, no sirven.
Pero no es así. Muchos han discutido el tema. Desde tiempos inmemoriales. Algunos piensan que el escritor debe estar comprometido con lo social y político. Para eso generan textos panfletarios, donde el arte no cuenta. Son indigestos. O van derechamente por la crítica social, originando textos que son un monumento al tedio. Otros plantean que el autor debe, ante todo, crear arte, es decir, el arte por el arte, asunto que nunca ha convencido a nadie porque se aparta de la realidad. La realidad siempre ofrece su figura. Son más los que disciernen que el escritor es un testigo de su época y, por lo tanto, debe reflejar aquello en sus escritos. Eso lo hace casi la mayoría. Por otra parte, suman varios los que expresan que el escritor debe atender a solazar, de lo contrario nadie leerá, lo cual, si bien es verdad, también tiene detractores: son aquellos que buscan en la literatura una enseñanza, un mensaje, una guía, algo que quede en el imaginario, que no sea baladí, hueco o intranscendente, sino todo el contrario. No basta con la amenidad solamente.
Y así la lista suma y sigue.
¿Cuál es, entonces, el compromiso del escritor?.
En verdad hay para todos los gustos. El primero debe ser consigo mismo. Por ahí parte todo. Después viene la decisión: me quedo en la torre de marfil o me proyecto a la masa. Si es lo primero, es decir, consigo mismo, no le importa a nadie, sólo a él. Puede seguir ad eternum. Lo beneficioso es que no molesta a nadie porque nadie sabe de él. Si es lo segundo, deberá entonces poseer un plan para llegar a todos: deberá elegir un tema, una posición, un nicho que embruje a la masa lectora, le guste a él y lo mejor, que agrade a la crítica literaria. Si consigue todo eso, miel sobre hojuelas y a celebrar. Si pasa inadvertida y nadie lo mira, entonces le vendrá una tremenda depresión, se sentirá fracasado y optará por pegarse un tiro en la cabeza.
¿Qué es lo que más abunda en estos escabrosos campos?.
Obviamente proliferan los escritores comprometidos con la cosa política y después la social. Sus publicaciones no son un dechado de talento y son escasos los que logran alcanzar la cima.
La mayoría queda varada en la orilla.
También rebosan los autores cuyas obras manejan sentimientos, emociones o interpretan a los individuos… Sí, eso es lo que más pulula y, en medio del entresijo, hay diversas variantes que los autores cogen de acuerdo a sus capacidades.
¿El arte por el arte?. No, ese perdió el tren.
Finalmente, son muchos los creadores que tienden a entregar sólo entretenimiento, sintiéndolo su compromiso?. Son los vilipendiados “best sellers”. Representan sin duda un amplio espectro y constituyen la envidia de los que venden poco. Ciertamente el solaz suele ser una virtud inalienable, aunque los puristas y los académicos pedantes reprueben tal aserto. Pero la conclusión es simple y ahorra cualquier comentario: un libro entretenido llega a todos. Un texto aburrido, pesado, farragoso, nadie lo lee. El dilema es que las creaciones no deben ser únicamente entretenidas. Eso es un instrumento, una virtud que el creador utiliza. En el fondo deben coetáneamente provocar reflexión, diálogo, preocupación, nada le debe ser ajeno. Pero con manejo atinado y cautivante. Si no, caemos en los volúmenes tediosos y a otra cosa mariposa.
Esto podría constituir parte del compromiso del escritor, mirado desde varios puntos de vista. Faltan más, por supuesto, porque ésta es una crónica literaria, no un tratado de arte ni una exégesis literaria ni un mamotreto académico.
Seguiremos hurgando en tan espinudo tema.

 

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