Isabel Allende: La Isla Bajo el Mar

La Isla Bajo El Mar

Prohibida su reproducción, salvo que se indique nombre del autor y fuente.

Por Jorge Arturo Flores

Cuando aparece un nuevo libro de la escritora chilena Isabel Allende (Cerca de 51 millones de libros vendidos y traducida a 21 idiomas), de inmediato surgen dos resultados: uno, el aplauso enfervorizado de sus seguidoras,  que suman varios miles, hasta millones, y dos, la cerrada oposición de sus colegas escritores, que aprovechan nuevamente la oportunidad para denigrarla, rebajar su categoría de escritora, tratarla como best seller, (es decir, sin valor literario), hurgando en sus temas y narrativa, buscando errores, simplezas, nada que huela a retórica. Ah, y también  se valen de la ocasión para recordar La Casa de Los Espíritus y su aparente plagio del realismo mágico.

No fallan nunca en sus argumentos.

Poseen, eso si, una coincidencia: han sido reiterativos desde tiempos inmemoriales.

Un crítico literario de El Mercurio, poco conocido, por supuesto, y ansioso de serlo,  dijo sobre su ultima obra: que en ésta no es difícil percibir “una deuda no menor hacia El Reino de este Mundo de Alejo Carpentier” (¡qué gran pecado!), que el “argumento general era débil” (desde su punto de vista) y que “los personajes sufrían de escasa ilación y cambios sicológicos, construidos según una estereotipada ecuación blanco-negro y malo-bueno” (¿y cual es lo malo de ello?. La relación malo- bueno y blanco-negro se viene dando desde que el planeta comenzó a poblarse.¡Qué mente más  brillante!).

Isabel Allende respondió: “¿qué novela ha escrito ese señor”?.

Frente a este esquema machista y oprobioso hacia la escritora chilena, puede ocurrir que un lector poco avisado, que no lee siempre, coge con alguna sospecha el libro recién parido y lo lee prejuiciadamente.

Después, para darse tono, hablará en contra de la exitosa escritora.

Esto tampoco falla: la estulticia humana no tiene límites.

En cambio, sus fervientes lectores aplauden  y agradecen el buen momento de su lectura.

Tanta gente no puede estar equivocada.

EL OFICIO DE ISABEL ALLENDE

Hemos seguido el caminar de Isabel Allende desde sus principios. No nos desagrada, porque coincidimos en lo primordial: escribe para los lectores, el fin último de cualquier creación literaria. No escribe para críticos ni académicos ni los que se creen tales. No. Escribe para el público. Para que éste se entretenga. ¡Entretención! Terribles palabras para cualquier académico o criticastro o periodista enfundado en túnica de crítico literario o profesor recién egresado de Pedagogía en Castellano o por el despechado de la fortuna y la fama. Despreciable expresión. Si no, que lo diga nuestro Alone, cuya crítica impresionista alababa a los entretenidos y abominada de los aburridos.

Por eso lo colgaron muchas veces.

Isabel Allende es animada para escribir. Y eso es difícil oficio.  Escribe con soltura, le da riendas al humor, es dinámica y simple, sin honduras filosóficas ni cimas sicológicas, recrea con acierto sus temas, protagonistas y ambientes. Redacta con llaneza (“llaneza, muchachos, llaneza”). No es rebuscada ni críptica. Eso debe dolerles mucho a sus contradictores.

Se hace leer.

Ahora bien, no se nos oculta que en toda esta permanente batalla de oposición a su tarea se perfila “la tristeza por el bien ajeno”. Es indubitable. ¡A qué autor no le gusta la gloria y el dinero!. Pero, como reconocer esa circunstancia es a todas luces inconveniente, se refugian en los parámetros literarios más exigentes, pidiéndole hasta lo imposible.

Así ha sido, así será: la naturaleza humana no es pródiga con quien triunfa.

ISLA BAJO EL MAR

El libro consta de 314 páginas, está editado por Editorial Sudamericana (2009) posee una portada de indudable mal gusto (que es la constante en los libros de Isabel Allende), aparece una biografía mínima, no acorde con su relevancia mundial y está dividido en dos partes.

El tema en sí no tiene nada de entretenido ni es simplón: se trata nada menos de la esclavitud en el Caribe, específicamente en Santo Domingo. A partir de esa temática, Isabel Allende crea, con acierto e indudable documentación, su novela. Hay historias de amor (¿en que textos de autores famosos el amor no es uno de sus motivos esenciales?), trafico de esclavos, violencia física, corrupción, oprobio humano, falta de humanidad, etc.

Hay mucho por contar.

En la Primera Parte (Santo Domingo 1770-1793) la trama gira en torno a las historias de una cocotte que ofrece sus servicios a los españoles que viven en la isla Santo Domingo. Posteriormente coge el protagonismo Valmorain y luego Teté, la niña que se convierte en esclava y concubina de Valmorain. A partir de estos tres personajes, se bifurcan varios protagonistas que adornan la historia, como la nana de Violette, la Tante Rose, el capataz cruel (Prosper Cambray), los hijos de Valmorain con Zarité, el amante de ésta (Gambo), la revolución de  esclavos y cimarrones, la huida de Valmorain y su cuñado a Louisiana.

Es un canto a la libertad de los oprimidos.

Esto no tiene nada frívolo. Y por ello también muestra un tema para cavilar sobre las barbaridades que trajeron los colonizadores a nuestra America, asunto que se está abriendo y que ha perdido su pátina ingenua en la historiografía. En eso, Isabel Allende muestra con realismo, sin adjetivos, gran parte de los desórdenes étnicos que acaecieron en esas malignas épocas.

La narradora bucea con acierto en la sicología de los personajes y los hace fácilmente distinguibles del resto. Recrea bien el ambiente y la natura, como también es acertada la radiografía que hace de las pasiones humanas en estos entornos pavorosos.

La Segunda Parte (Louisiana 1793-1810) narra las vivencias de Zarité (Tete), Valmorain, Violette, Loula, Sancho del Solar, el medico Parmentier, Rossette y Maurice en New Orleans. Son los sobrevivientes de la revolución de Santo Domingo ( San Lázaro). Surgen como personajes la nueva esposa de Toulouse Valmorain, Zacarías, el conyuge de Zarité, Jean Martin, el santo Pere Antoine, la ascensión y muerte de Gambo. Sin embargo, siendo otro mundo, permanece vigente el gran tema de la esclavitud, aunque con algunos avances.

La cónyuge de Valmorain, Hortense Guizot, toma papel protagónico en torno a la vida de éste y Zarité.

Es un cambio brutal.

En esta parte, el libro se llena de dramas, hay más emoción y el amor continúa siendo el motor de la convivencia. La tensión dramática se agudiza y el interés se vuelca en torno a los acontecimientos que se suceden con rapidez. Zarité sigue encarnando el símbolo de la rebeldía en latencia y sus ansias de libertad. Al final la consigue, pero luego de largas penurias y humillaciones. Es, en el fondo, el eje del libro y ella interpreta, sin duda, el espíritu feminista de la autora.

UNA DE SUS MEJORES OBRAS

Junto a La Casa de los Espíritus e Inés del Alma Mía, Isla del Mar constituye uno de sus mejores logros dentro de su vasta producción. Sin duda alguna, el telón histórico de sus textos, que incuestionablemente la obligan a documentarse, ayudan a que estas creaciones estén entre las sobresalientes.

Por lo menos, para nuestro gusto.

Además, notamos un indudable perfeccionamiento en su oficio de escribir, con descripciones más breves, justas y precisas, diálogos acertados y, si bien la extensión del ejemplar es considerable, se hace amable de leer porque la escritora chilena posee esa facultad matriz que muchos buscan en su vida y nunca consiguen: atrapar con su escritura al lector.

Eso habla bien de sus condiciones estilísticas.

Si a ello se le suma que vende, es famosa y no le falta, por consiguiente, dinero en el bolsillo, tenemos entonces el cierre perfecto para el mayor anhelo de un escritor.

Negarlo es un cinismo descarnado.

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