Poetas Chilenos Olvidados

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Por Jorge Arturo Flores

Chile es, definitivamente, país de poetas. Antes lo fue de historiadores. Hoy es la poesía el campo de cultivo de quienes se sienten invadidos por las musas. En nuestro país abundan los poetas, se escribe muchos versos, se publican numerosos libros.

Sin embargo, y paradojalmente, se lee poca poesía.

No es artículo de primera necesidad, por cierto,  y  su venta no es generosa.

Curioso fenómeno.

Pese a al portazo que le da el mercado en las narices, los chilenos se empecinan en continuar escribiendo poemas en la soledad de sus hogares. Se levanta una piedra y aparece alguien diciendo “yo también escribo poemas”. Algunos lo ven divulgados, otros lo suben a la internet para el conocimiento público, la mayoría los guarda en archivos del computador  (antiguos cajones de escritorio), a la espera de algo que ni ellos mismos saben.

En el fondo,  todos quisieran alcanzar una estrella.

Pero como en el planeta Tierra las cosas funcionan de acuerdo a la selección natural, aquellos fervorosos cultivadores de versos – ubicados en la franja de tierra que se llama Chile –  no tienen  muchas expectativas de sobrevivencia en el medio artístico, no captan cómo hacerlo para que sus trabajos puedan ser aplaudidos por otras personas que no sean  sus familiares y otra vez comprueban, casi a diario, aquello que son “muchos los llamados y pocos los escogidos”.

Es que tiene que ser así. Aunque “la casa de mi padre tiene muchas habitaciones”, no daría abasto para todos y deben quedar afuera, aguardando, ensoñando, sufriendo.

Son los poetas  olvidados.

Representan dos frentes: uno, el olvido. Esto significa que publicaron con relativo éxito, pero pronto éste fue engullido por  la evolución humana, convirtiéndose en olvidados y, consecuencialmente, en desconocidos para las generaciones futuras.

Los otros pertenecen al registro de los poetas desconocidos, esos que nunca publicaron en su vida o sólo en algunos medios restringidos, pero que tienen una considerable obra inédita, donde suelen encontrarse algunos destellos. Pero como no se exponen  a la luz, se desechan.

Son los chilenos que escriben y esconden sus creaciones.

La nómina de poetas olvidados es considerable, aunque sin llegar al extremo de sindicarla como inmensa. No. Es un número perfectamente delimitado. No obstante, están  en decidida ebullición.  Es que siempre  germinan  poetas y es, al parecer,  una tendencia  inmortal.

En Chile son frecuentados por los eruditos, por los estudiosos, por los diletantes, por los que, de algún modo, los transportan  a la actualidad para presentarlos  a  lectores de una época diferente a la que  vivieron. En general,  corresponden a la última etapa  del Siglo Diecinueve y las primeras décadas del Siglo Veinte.

Hoy estamos en el Siglo Veintiuno (2013).

Ciertamente, por efectos de la globalización,  por la intensa vida laboral, por la velocidad de la tecnología, por la ausencia de tiempo para dedicarse al espíritu, escasean los nuevos poetas con alguno talento. Que los hay, los hay, pero a la sombra de los viejos y bajo el manto de los clásicos. Es una renovación que está latente y aguarda  el instante para explosionar.

En nuestras crónicas literarias dedicadas a rememorar  poetas y escritores chilenos que alguna vez tuvieron su momento de gloria,  pero que luego pasaron indefectiblemente al pertinaz olvido, nos encontramos con varios bardos que poseían, por decirlo de algún modo, características similares.

No debiera resultar tan extraño si los emparejamos  a todos con el rasero de la bohemia.

Esto significa que algunos, con las debidas excepciones a la regla,  fueron habitantes nocturnos en la ciudad mayoritariamente diurna, asiduos a los bares y cantinas, amigos de sus amigos, siempre escasos de dinero para pagar los consumos, aunque con excelente apetito y sed; espléndidos conversadores, generalmente cultos, con ansias desmedidas de grandeza. Sus caracteres viajan a través de la melancolía, la depresión, el mutismo, la taciturnidad, la munificencia juvenil, la candidez política, una visión de lo cotidiano absolutamente irreal. Idealistas al por mayor. Captadores de cualquier novedad que enfrente al mundo social , religioso y político en que viven. Mucho anarquismo. Algunos con miradas mesiánicas, creyentes en tareas que le habrían tocado en suerte cumplir. Y un largo etc.

En las apariencias, también con las mencionadas excepciones a la regla, excluidos de la obesidad, enjutos, vestidos de oscuro, no precisamente exultantes, de miradas perdidas en el infinito de sus ensueños, reconcentrados, meditabundos, agudos en sus intervenciones, (en las escasas que poseyeron);  más bien tristes, dolidos, desencantados. Tímidos desde  nacimiento. Socialmente insociables. Pobres a partir de la cuna, con algunas excepciones. Vidas errantes, sin destino, dejándose llevar por las aguas. Enemigos del trabajo formal, con horarios y límites. Grandes admiradores de la natura y del ocio. Observadores sempiternos de la realidad, escudriñando inevitablemente bajo el alquitrán o persiguiendo lo diferente. Y otro largo etc.

Publicaron en vida – la mayoría – un sólo libro. El resto, ninguno. Únicamente  en diarios, revistas y periódicos. Después de fallecidos, manos amigas dieron a luz sus trabajos.

Entre los olvidados, recordamos  a  Alberto Jiménez Rojas, Jerónimos Lagos Lisboa, Pedro Antonio González, Jorge González Bastías, Raimundo Echevarría y Larrazábal, Pedro Sienna, Carlos Pezoa Veliz, Domingo Gómez Rojas, Romeo Murga, José Antonio Soffia, Rolando Cárdenas,  Armando Rubio, Rodrigo Lira, Ignacio Cavada Verdugo. Y una silenciosa columna de autores.

Todos, de algún modo, fueron creadores de versos que han resistido el paso del tiempo y han pasado al imaginario popular con creciente éxito. El sólo hecho de recordar puntualmente algunas estrofas ya los hace merecedores al calificativo de inmortales en las letras, sin haber, por cierto,  recibido el Premio Nacional de Literatura.

Conviene hurgar en sus trabajos. Más de alguna piedra preciosa encontraremos. Además de la consiguiente lección artística, que nunca está de más.

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Un comentario en “Poetas Chilenos Olvidados

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