MARIA LUISA BOMBAL: SOLEDAD DESGARRADORA

PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN, SALVO QUE SE INDIQUE EL NOMBRE DEL AUTOR Y LA FUENTE.

Jorge Arturo Flores

El imaginario popular, cuando  nombra a María Luisa Bombal, la asocia de inmediato  con su novela “La Amortajada”, la más popular de su obra, leída y releída en los colegios y motivo de extensos estudios académicos.

Eso por un lado.

Por el otro, surge enseguida la queja por el hecho de no haber recibido durante su vida el esquivo Premio Nacional de Literatura.

He ahí dos tópicos importantes.

Por el flanco del mundo docto, las aguas corren presurosas a levantar su libro “La Ultima Niebla” como el soporte principal de su tarea y, los menos encaminados alrededor del esteticismo erudito, elevan loas al pulcro estilo  y al talento para profundizar en el alma humana.

Cinco puntos, entonces, que se repiten alrededor del trabajo de una escritura espléndida, enquistada en la gloria de la literatura chilena y que es motivo de  constante análisis por las generaciones.

Veamos algunos matices que siempre nos han parecido interesantes

 

EPOCA, COSTUMBRES, MACHISMO

 

En el período que María Luisa Bombal escribió no se daba fructíferamente las condiciones para realizar su tarea con facilidad. El machismo imperante, duro, férreo, intransigente, conspiraba para ello.

Eso condiciona cualquier actitud.

Los libros de la famosa autora, por consiguiente, reflejarán a sus heroínas atrapadas en esas lamentables circunstancias. Son personajes donde la soledad, el desamor y la dependencia marcan a fuego sus pasos. Seres destruidos internamente por desgarradoras soledades, amores imposibles, dificultad absoluta por coger la ansiada felicidad. Y como el entorno machista, la época religiosa y el mundo social dicta normas definitivas, (que hoy suenan anacrónicas e increíbles), las mujeres – protagonistas de sus relatos – huyen, buscando cobijo en el sueño, crean amantes, se resguardan en la natura o en los árboles o en los cambios  climáticos.

María Luisa Bombal tiene el don de sumergirse en el sentimiento y en la conciencia de sus intérpretes con sutileza, arte y profunda hondura sicológica. Recuerda un poco al mundo de Proust en este tejer. Lo hace a partir de un elemento que es vital en su entramado artístico: el estilo

 

 

 

EL ONIRISMO COMO SUJETO PROTECTOR

 

Las protagonistas de María Luisa Bombal, constituidos en  seres alados, ingrávidos, celestes, de una bellaza tanto física como espiritual que roza lo angélico, desafían la soledad angustiosa y la anormalidad de sus relaciones sentimentales al través de las fantasías. He ahí el refugio para el desafecto del mundo. Allí se localiza el instrumento que manejan para cobijarse del frío social, la intransigencia, el olvido o la inmutabilidad masculina. Mientras escuchan un concierto o se sientan al lado de la ventana, frente al gomero, o se está en el ataúd, la mente cabalga por los cielos del sueño, el ensueño, la melancolía, en pos  de una brizna de felicidad.

Seres atormentados, pese a su belleza material. Seres delicados, sensibles al choque conla realidad. Seresque buscan escabullirse  del mundo que les ha tocado.

Ahora bien, al deslizar una mirada por sus textos, se coliga ineluctablemente el accionar de los protagonistas con las vivencias de su autora. Casada dos veces, viuda en ambas ocasiones, la muerte de su último marido terminó por precipitarla a los abismos del desconsuelo y la pena infinita. Añádale los problemas familiares y el asunto se densifica.

No la tuvo fácil María Luisa en la vida.

Como tantos, claro está, pero en un individuo sensible, con el don de escribir y transformar sus utopías en arte, el asunto se multiplica.

 

LA AMORTAJADA, EL ARBOL, LA ULTIMA NIEBLA.

 

El primer texto es el espaldarazo a su tarea.La Ultima Niebla, por otra parte, tuvo el interés inmediato de la crítica especializada, aquella que no se deja arrullar por el éxito editorial. Tanto El Árbol como María Griselda también mantuvieron la unanimidad del elogio.

Es que toda su obra, aunque mínima, es rutilante.

Dice Alone: “La Ultima Niebla, La Amortajada, otro relatos, los tres muy breves, han bastado  para que los más rigurosos la estudien no sin asombro. Ahí está la vida; pero también está el sueño; no se distingue a veces si lo que cuenta es cierto o lo ha inventado, si está hablando realmente o en trance creador. Y ningún esfuerzo: nació así, es ella como es….El drama y la comedia pasan por sus rápidos cristales: el campo, la ciudad, viejos y jóvenes viven admirablemente

Los personajes que la habitan, ya lo dijimos, son diferentes a los conocidos en el ámbito literario. Perfectamente descritos desde  una pluma que  irrumpe en sus interioridades y devela los inconfesables secretos. Textos donde la acción es exigua en su apariencia, pero profundamente dinámica y conmovedora en su hondura. No necesita surtirse de otro utensilio para mantener el interés. Su prosa alada, grácil, leve, es el mecanismo preciso para meterse en la trama de sus trabajos.

Dibuja, cierto, pero sugiere más.

 

¿DONDE APRENDIO A ESCRIBIR?

 

Se ha transformado en un tic recurrente copiar lo escrito por Alone, el más grande de los críticos chilenos, sobre la esplendidez de su estilo. Como lo bueno siempre es digno de copiarse, hagámoslo una vez más “¿Dónde aprendió esta joven de sociedad, en qué escuela, con cual maestro, su arte inmemorial y leve, esa lengua que lo dice todo y no se siente, que hace ver, oír, saber de una manera como milagrosa, entre angélica y diabólica?”.

En tan breves palabras, Alone coge la totalidad del sesgo.

Propio, por lo demás, de alguien que hizo de la brevedad, la síntesis  y la perfección estilística una de sus excepcionales armas.

Nadie escribe como ella, ni nadie escribirá siquiera parecido. No hay referencias estéticas para analizar ese estilo sorprendente, esa lengua que todo lo hace fácil,  rica en sentimiento, profundidad sicológica y dramatismo sentimental.

No  concluye ahí el juicio sobre su estilo.

Hay una faceta trascendente: es el aleteo de la poesía que embriaga cada una de sus expresiones, un hálito lírico que enmarca sus imágenes y permite al lector empaparse de un una lengua que luce y reluce al través de sus engastadas gemas.

He ahí un punto sobresaliente.

Su descripción  de la naturaleza, por ejemplo, es bellísima y ya se la quisieran los aburridos criollistas o los que, por aparentar sabiduría, atiborran sus libros con una jungla que atemoriza los sentidos y ahuyentan el placer de leer.

Acá, junto al caminar de las horas, hay una mirada sobre la natura que embellece el texto, sin perder un ápice  su interés y nos transporta a esferas de la más alta creación artística.

Es el gran distintivo de María Luisa Bombal.

Los doctos estudios, concerniente a su obra, omiten esta particularidad y prefieren abordar su quehacer desde otra perspectiva, menos cálida, más enrevesada. Es la enervante pretensión de objetividad que procuran dar a costa de la deshumanización del texto, donde la obviedad es su rasgo predominante.

No aprenderán nunca.

Aparte de lo anterior, nos llamó la atención la forma en que las escritoras  y estudiosas del tema hablan sobre los textos de María Luisa Bombal: sus estilos se “masculinizan”,  tórnanse duros, monocordes, demasiado obvios, pedantes, amorfos, fríos como extremidad de pingüino. Están, sin duda, lejos, muy lejos, de la gracia, feminidad y donosura de la autora en comento. No se les pegó nada, lamentablemente,  en el contacto con sus páginas. Habrían ganado mucho, sin duda, leyéndola con el prisma del lector.  Es una característica que se repite, por lo demás,  en las mujeres que estudian Literatura y han obtenido grados universitarios.

Curiosa actitud.

 

EL PREMIO NACIONAL DE LITERATURA

 

Hace diez años que estoy pidiendo que le den a María Luisa Bombal el Premio Nacional de Literatura…” se quejaba Alone en sus irrepetibles  crónicas literarias. Nunca entendió la razón por la cual los mediocres jurados no se detuvieron a la vera de la gran autora ni tampoco el motivo que poseyeron para no percatarse, cuando advenía el bendito premio,  de la presencia de un trabajo único, relevante, espectacular. Por otra parte, otro de sus enfervorizados defensores, Ignacio Valente, opinaba igual desde la misma orilla. Sara Vial, que hizo un extenso prólogo para una de sus obras, también allegaba su petición. Y varios más se agregaban al corro.

Fueron vanos los esfuerzos, los gritos, los reclamos.

No lo obtuvo. Y es un oprobio para las letras nacionales.

Nadie lo entiende. Ni siquiera el argumento pueril de una obra mínima es suficiente. Acá impera, ante todo, la calidad sobre la cuantía, la distinción, el talento artístico, una obra impresionante por su notabilidad exquisita.

Enrique Campos Menéndez, “censor” de la dictadura militar, confesó en una entrevista a El Mercurio, las razones extraliterarias por las cuales no le concedieron el laurel.

Es de una pequeñez impresionante aparte de una escogida mediocridad.

Tuvo también detractores. ¡Quien no los tiene en el ámbito artístico!. Sara Vial no olvida las palabras de Braulio Arenas: ¡Cómo quieres tú que le den el premio a una mujer asesina y borracha!.

Al poeta de la Mandrágora le otorgaron, por supuesto, el preciado galardón. Durante la dictadura claro está.

En otro tiempo no lo habría obtenido.

Los gobiernos democráticos, anteriores a la dictadura señalada, tampoco escapan al juicio delator y deberán llevar sobre sus espaldas la masa negra de su ingratitud, ceguera e irresponsabilidad.

Pero ¿qué tiene  que ver las administraciones políticos en estas materias?, de seguro alguien preguntará, intrigado porla intromisión. Muysimple, el Premio Nacional de Literatura en este país está signado por el sesgo ideológico y muchos galardonados lo fueron como una forma de pagar favores políticos o por  coincidencia doctrinaria o simplemente gratificados por razones humanitarias.

El valor literario de los ungidos no fue, ciertamente, premisa valorable a la hora de nombrarlos.

Es una historia ampliamente sabida en los círculos literarios y no tiene visos de recomponerse.(Ver nuestra crónica literaria PREMIO NACIONAL DE LITERATURA: los que no lo merecieron, en este mismo sitio)

En ese contexto, María Luisa Bombal no tenía cómo ganar. Sólo dispuso de su caudal artístico, insuficiente, sin duda, para permear los juicios fiscalizadores.

Una vergüenza.

 

BREVE CONCLUSION

La escritora chilena María Luisa Bombal ha quedado inserta en la historia literaria de Chile como una de sus más grandes exponentes, concitando curiosamente la unanimidad de la crítica  y el aplauso popular. Su trabajo, donde impera, ante todo, la calidad sobre el espesor, no se ajustó a moldes preestablecidos y caminó por senderos que  descuellan por su originalidad. Dueña de un estilo que roza la finura, sus textos son modelo de concisión, síntesis y hondura dramática, donde el fluir de la conciencia está expuesto con alardes artísticos realmente encomiables. La poesía de su prosa es la nota predominante. El talento para reflejar el impacto de la época y las costumbres en la mujer es notable  y su lectura, en definitiva, constituye un regalo para los sentidos.

Ya lo dijo Alone                       

“María Luisa Bombal posee una condición rarísima, don gratuito, verdadero presente de los dioses, imposible de adquirir por ninguna clase de estudios; la mirada nueva y limpia, el modo natural y original de ver las cosas, la sensación directa del paisaje y de los seres”.

Leerla y releerla resulta, de todas maneras, un goce incomparable

 

Sólo resta inclinarse ante su creación literaria.

Ver Biografía y obra de al autora en nuestra página http://www.semblanzasliterarias.wordpress.com

Ver comentario a la película BOMBAL en esta misma página.

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