PEDRO PRADO: Aventuras y desventuras de Alsino

Prohibida su reproducción, salvo que se mencione al autor y la fuente.

alsino-pedro-prado-1972-209701-MLC20419012533_092015-F

Jorge Arturo Flores

 

Pedro Prado (1886-1952), narrador, poeta, Premio Nacional de Literatura, es el autor de uno de las novelas más singulares en el campo literario de Chile. Obtenida de la mitología tradicional, inscribió su nombre con la novela Alsino,  nombre de un niño jorobado que fantasea con volar y que lo obtiene luego de varias peripecias.

 

El inicio de un sueño

 

En las grandes quimeras de los seres humanos está el poder volar, imitando la capacidad de los pájaros. ¡Quien no ha soñado o ensoñado con efectuarlo?.

Sin duda, una gran mayoría.

Alsino, de Pedro Prado, es una creatura que vive en el valle del Mataquito junto a su hermano y a su abuela. Desde temprana edad sueña con sobrevolar la tierra al igual que las aves del cielo. Como vive en el campo, en condiciones que ahuyentan cualquier misticismo, le es fácil robustecer sueños en pos de su ideal. Junto a su hermano Poli ensaya el esfuerzo, con las consecuencias que es dable predecir. Finalmente lo hace solo, quebrándose la espina dorsal, desde la cual comienza el milagro: le crecen alas, lo cual le permitirá dar con el gran anhelo.

 

Aventuras y la cruda realidad

 

Alsino huye de su casa, come lo que encuentra, convive con un hombre que captura tordos y los vende; asusta a todo quien tropieza con él, es blanco de piedras de unos muchachotes a quienes ayuda y que luego huyen cuando lo ven con alas.

Es el inicio de un acaecimiento que no siempre es feliz.

Conoce en lo alto de la montaña a un anacoreta, que cree ver a un enviado del cielo; visita a su abuela, que lo creía muerto, y fallece en sus brazos convencida que estaba en el cielo con su nieto; persigue a un zorro que lo confundió con un pavo, lo monta y lo lleva lejos, enviándolo al suelo desde un cerro; es tomado prisionero por un rico hacendado. Allí vive la mayor parte de su tiempo, contando historias, sanando enfermos (debido a sus conocimientos de las hierbas), presiente el amor  de Abigail, quien muere; huye, lo reciben el leonero y sus hijas. Una de ellas se enamora, pero Alsino no le corresponde. Ésta, despechada, acude a los consejos de una bruja, quien la engaña y le ofrece conquistar el amor del jorobado con una poción en sus ojos. La poción lo deja ciego. Convive un tiempo con ellos. Un día vuela alto con un muchacho (Cotoipa) en busca de una vaquilla, éste se atemoriza y lo obliga a aterrizar forzosamente, tanto, que resulta malherido y lo abandona.

Esto deviene en  una situación bella.

Alsino herido lo cuidan los pájaros, un zorro lame sus piernas, el puma duerme a su lado, las avecillas de cielo le traen alimentos. Pero él tiene fiebre, desea volar y volar. Y abandonando el lugar logra remontarse  y sube “hasta la última cumbre del cielo”, más allá del vuelo de los cóndores. Hasta que no puede más y  “súbitamente cae con una velocidad espantosa, que se va acelerando al infinito. Antes que él vuelva el sentido de la realidad, el roce su cuerpo con la atmosfera, cada vez más densa, comienza por encender sus alas y, rápido como un vértigo, el fuego se apodera de él y lo consume.

Era el mes de mayo, mes de estrellas fugaces. Confundido entre las que cayeron esa noche, nadie fue capaz de distinguirlo.

Una legua antes de llegar a tierra, de Alsino no quedaba sino ceniza impalpable. Falta de peso para seguir cayendo, como un jirón de niebla, flotó sin rumbo hasta la madrugada. Las brisas del amanecer se encargaron de dispersarla.

Cayeron al fin, sí, pero el soplo más sutil las volvía elevar. Deshechas hasta lo imponderable. Hace largo tiempo que han quedado, para siempre, fundidas en el aire invisible y vagabundo.

 

Novela de aventuras y desventuras

 

Pedro Prado dio con una narración fantástica, imaginativa, de gran recreación mitológica, con un sinnúmero de aventuras y, desgraciadamente, desventuras del protagonista. Realizando un breve muestreo de la narrativa chilena, son escasas las obras que se internan en el tema fantástico, mágico o imaginativo.

Escasean, en verdad.

Por eso, seguramente, Alsino ha sido lectura obligada de muchas generaciones estudiantiles.

No obstante sus merecimientos (lenguaje pulcro, estilo  clásico, abundancia de imágenes poéticas, descripciones embelesadas de la natura), el relato se lentifica con los cantos de Alsino frente a la contemplación de la naturaleza. Es mucho. Hastía. También cansa la majadera descripción de la natura, aunque es bella y tiene gran profundidad lírica. Hay allí un recuerdo constante de las soporíferas descripciones de Mariano Latorre, circunstancia que no es, de ninguna manera, un elogio.

La acción humana habría avanzado mas libre, suelta y rápida sin tanta digresión marginal. Probablemente es resultado de la época en que fue escrita, donde aquello “la llevaba”. Es posible. O, asimismo, podría tratarse de un  pretexto del autor para escribir prosa poética.

Vaya a saberlo usted.

Queda en la memoria del lector la desventura del niño que imaginaba volar, que por una travesura del destino lo consigue. Vuela, pero el sueño hecho realidad se transforma a la larga en una pesadilla, al convertirse en algo extraño, que violenta las mentes campesinas. Una recreación lírica que sale de lo normal y se acentúa en la originalidad. Un canto al ensueño, a las ansias ancestrales del ser humano por conseguir la capacidad de suspenderse, por un momento,  en el aire.

Como los  pájaros.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s