Nicanor Parra, Gabriela Mistral y ciertos Premios

 

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Por Jorge Arturo Flores

En el diseño de la obra parriana, específicamente en su cáscara, hay una aparente superficialidad que induce al error y, por consiguiente, al desdén por quienes, aunque escasos, no perciben la cosa artística. Como todo fluye claro, fácil y correntino, lleva con rapidez a la idea que aquello se aleja del concepto poético.

En otras palabras, se confunde con prosaísmo.

Sin embargo, como lo hemos visto en nuestras apreciaciones, nada más alejado de la realidad. En la aparente ligereza de sus escritos se desliza una feroz ironía, un certero ataque a ciertas costumbres mundanas y artísticas, un estilete que se hunde sin remilgos en la delicada piel literaria.

Sin ir demasiado lejos, y de ahí partió este comento, siempre nos pareció notable, como todo lo suyo, el epitafio que Nicanor Parra escribió sobre los premios de Gabriela Mistral. Es una pieza que habla certeramente sobre la opacidad de la cultura chilena, su ceguera para vislumbrar valores y su empecinamiento en no premiar la esencia artística.
Véase el epitafio aludido.

Yo soy Lucila Alcayaga
Alias Gabriela Mistral
Primero me dieron el Nobel
Y después el Nacional
Y a pesar que estoy muerta
Me sigo sintiendo mal
Porque no me dieron nunca
El Premio Municipal.

Premio Nacional y Premio Municipal de Gabriela Mistral
Como sabemos, Gabriela Mistral fue reconocida primero en el extranjero antes que en Chile. La admiración por su obra emergió en otros países, no en el suyo, pese a ganar unos Juegos Florales. Su trabajo fue reconocido por la Academia de Suecia quien le otorgó el Premio Nobel, el primero en Latinoamérica. Gran sorpresa. Todos se fueron de espaldas en Chile. Se vieron repentinamente con un tesoro en las manos que no comprendían ni estaba en sus objetivos. ¡Qué hacer? se preguntaron. Acá no la hemos considerado demasiado y ahora hay que salir del paso con decoro. Rápidamente se impuso la idea de otorgarle el único premio literario instaurado en Chile y que ya tenía varios ganadores, nueve para ser exactos. Con seguridad muchos pensaron que era mejor no dárselo dada su baja estatura frente al coloso de Suecia. Pero si no se hacía, quedaría refrendado el escaso aporte que Chile otorgaba a su mayor poeta a partir de la clamorosa fecha.

Le dieron el Premio Nacional de Literatura en el año 1951

El Nobel le fue otorgado en 1945.

O sea, nada menos que seis años después de recibir el máximo galardón planetario. Entremedio hubo nueve gozosos escritores que lo recibieron, a saber, Augusto DHalmar, Mariano Latorre, Joaquín Edwards Bello, Pablo Neruda, Eduardo Barrios, Samuel Lillo, Ángel Cruchaga Santa María, Pedro Prado, González Vera. Los poetas eran Neruda, Lillo y Cruchaga, aunque Prado también incluye poesía en su trabajo. El resto narradores.
En todos esos años, y en la fecha de otorgamiento, muchos debieron meditar o mirar con cierto grado de reserva la figura mundial de Gabriela Mistral y a más de alguno no le pareció prudente premiar a los mencionados sin antes entregarle el mismo laurel a la poeta del Nobel.

Sin embargo, persistieron en recompensar a otros.

Si con el premio sueco obtenido demoraron seis años en dárselo y desde el inicio de los galardones literarios de Chile, (1942), hasta 1951 hubo nueve escritores que cogieron fervorosos la gloria, cabe preguntarse: ¿le habrían entregado alguna vez el galardón de marras si no hubiera obtenido el Nobel?.

No en vano pasaron catorce años para ser considerada entre los “inmortales chilenos”.

El Premio Municipal de Literatura otorgado por la Municipalidad de Santiago data de 1934 en adelante. Es el mencionado jocosamente por Parra en el epitafio aludido. Desde 1938, vale decir, cuatro años después de sus inicios, hasta su fallecimiento, Gabriela Mistral publicó varios libros: Tala, 1938; Antología, selección de la autora, 1941; Los sonetos de la muerte y otros poemas elegíacos, 1952; Lagar, 1954; Recados, contando a Chile, 1957.

Sin embargo, ninguno de ellos obtuvo el Premio Municipal.

Con razón la poetisa se quejaba,” Y a pesar que estoy muerta/ Me sigo sintiendo mal/Porque no me dieron nunca/El Premio Municipal.

Nicanor Parra y el premio esquivo

No, no estamos hablando del Nobel. Es otro. Durante su vida, los laureles comenzaron a caer lentamente en las sienes del poeta chileno: Premio Nacional de Literatura, Juan Rulfo, Reina Sofía, Bicentenario, Doctor Honoris Causa de varias universidades, Medalla Rectoral, (hay muchos más) etc., desembocando en el mayor de todos, el Premio Cervantes.

Pero había uno que no estaba aún en sus manos.

El Premio Iberoamericano Pablo Neruda. Si, ya vemos ciertas sonrisas en el rostro de los lectores. Columbran de inmediato, con alguna ironía, que ese laurel no iba a estar precisamente a disposición del antipoeta, por las razones que los corrillos literarios conocen

Sin embargo, se lo dieron en 2012, un año después de recoger el Cervantes.

Anteriormente, desde 2004 hasta 2011, ocho poetas y escritores lo recibieron. Dos chilenos: Carmen Berenguer y Oscar Hahn. El resto extranjeros. Compare usted la trayectoria de Parra con los dos poetas mencionados y concluya.

Ahora bien ¿Se lo habrían entregado, (misma situación de Gabriela Mistral), si no hubiera obtenido el Nobel de las letras españolas?.

Lo dudamos.

Aunque seguramente Parra ya tenía indicada la ausencia en su epitafio.