NICANOR PARRA Y SU OBRA TEATRAL

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Por Jorge Arturo Flores

Cinco son los textos principales de Nicanor Parra que conocieron las tablas del teatro. La primera de ella es Todas las Colorinas tienen pecas o sólo para mayores de 100 años, estrenada en 1970 por el Taller de Creación Teatral de la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica de Chile. La segunda es Hojas de Parra. Salto mortal en un acto de 1997, llevada al escenario por la compañía La Feria. La tercera data de 1983 y está adaptada al monólogo. Trata sobre El Cristo de Elqui, con el actor Raúl Palma como su protagonista, puesto en escena por la compañía Teatro Pobre. En 1994, durante los homenajes a los 80 años del vate, se expone Parranda interpretada por  La Mancha Theatre Company.

Es la cuarta.

Y la ultima, quizás la mejor por su volumen, trascendencia y universalidad, Lear King & Mendigo de año 1992 cuyo montaje fue realizado por la Escuela de Teatro de la Universidad Católica bajo la dirección de Alfredo Castro.

Salvo la última obra, las cuatro primeras están basadas exclusivamente en textos extraídos de la obra de Parra y adecuadas al teatro. Con ello demuestra también que la poesía parriana posee cercanía, puesto que sus versos están perfectamente adecuados a la declamación. Ya el poeta lo dijo, “lo mío son parlamentos dramáticos, no parlamentos líricos” o algo así (escribimos de memoria).

Lo cierto es que su irrupción en las tablas es algo que se produjo en forma natural.

Ciertamente existen otras interpretaciones de la obra parriana que se postularon con éxito, aunque circunscrita a recintos más enclaustrados y con menor alcance que las mencionadas. Especialmente en los escuela de teatro y en los colegios. También abundan, pero eso es otro cuento, filmes y documentales sobre el personaje, algunos de buena calidad y otros lamentablemente de bajo nivel, en especial, cuando recurren al tradicional tic del chileno medio “tirado” a culto en el sentido de dar con trabajos morosos, lateros, pretendiendo posar de doctos y con ello alejando cualquier dejo de simpatía, claridad o sencillez, insistiendo, además,  en levantar obras que vayan en la onda  “anti”, con lo cual pierde todo sentido.

Pero ello podría ser tratado en otra crónica literaria.

Lo que nos ocupa ahora son las tablas.

Sobre Las Colorinas tienen Pecas. Para mayores de 100 años no hemos podido recabar información, excepto lo concerniente a fragmentos extraídos de su  Obra Gruesa.

En Hojas de Parra, si bien predomina lo anecdótico, que es extraliterario, se recuerdan ciertas intervenciones, como por ejemplo la candidatura de Mr. Nadie para Presidente de la República (lo leímos en la revista Ercilla de la época), que no está en el libro y que cuenta con antecesores históricos. Leamos parte de lo que encontramos:

 

Nadie le pondrá fin a la inflación

Nadie reducirá los gustos públicos

Nadie equilibrará la balanza de pagos

Nadie respetará nuestros derechos

¿Quién solucionará nuestros enigmas?

Nadie.

¿Quién hará realidad nuestros sueños?

Nadie.

¿Quién sacará la cara por nosotros?

Nadie.

¿Quién nos librará del comunismo?

Nadie.

¿Quién nos librará del consumismo?

Nadie.

¿Quién nos librará de todos nuestros problemas?

Nadie.

(Y creemos que terminaba con “¡Nadie a la Presidencia de la República!”)

Sobre la puesta en escena de la obra teatral, espigando por ahí, nos encontramos con esta glosa que devela el contexto del estreno:

La obra Hojas de Parra es una mezcla de teatro, circo y poesía. Participan intérpretes dramáticos, artistas circenses, modelos y extras. Poemas inéditos de Parra, rimas de Bécquer y una banda de circo resaltan en la obra. Por el escenario pasan la proclamación electoral de un candidato presidencial (Nadie), un entierro, un banquete anual en honor del poeta desconocido, un homenaje a Violeta Parra, un mendigo nieto de Tolstoi, números de tonies, equilibrismo o malabarismo, y muchos más. (Labra, Pedro. “Hojas de Parra y uvas verdes”. El Cronista, Suplemento, 2 febrero 1977)

Nicanor Parra, refiriéndose a esta obra, comentó en una entrevista:”Me incendiaron la carpa (donde presentaba la obra en 1978), me sometieron a dos interrogatorios y me enviaron un mensaje muy feo que decía ”Córtela con Míster Nadie porque o si no uno de ustedes tres va a desaparecer”(Manuel Salcedo, Jaime Vadell y Nicanor Parra).

Eran los tiempos de la dictadura militar.

 

En lo que sí hay más antecedentes es sobre su postrera creación, referido al Rey Lear. Pensamos que es su obra maestra en estos campos. Aparte del esfuerzo que le significó concretarla (doce años), hay  por medio una dificultad mayor como lo es transcribir la lengua inglesa isabelina al español “chileno”, circunstancia que el bardo logra con creces.(Escribimos una crónica literaria acerca del libro).

Si en la crónica citada expresamos que no teníamos tan claro el eco que produjo la aparición de este libro en la comunidad literaria, entendido al través de críticas literarias para el lector medio, debemos confesar que en los medios académicos y en algunos párrafos de la prensa escrita, algo se escribió.

Predominaron, en todo caso, los discursos académicos que, como sabemos, no llegan a la playa de los lectores, sino prefieren allegarse a recintos más íntimos y muy cerrados, como ghettos.

Por eso tal vez nuestra deformación óptica.

En síntesis, estamos frente a una faceta que no debiera sorprendernos de la obra parriana: el teatro, el circo, la parodia, el ludismo. Si bien  no podríamos denominar a Nicanor Parra como dramaturgo, lo cierto es que su trabajo literario es tan amplio, inteligente, versado, que permite, sin ninguna dificultad, un acercamiento espontáneo a la declamación en las tablas. Ciertamente, hay que decirlo todo, es una suerte de teatro distinto, volado, irreverente, carente de nudo y trama.

Son exposiciones, pantallazos, chispas de su ingenio.

Aunque la genialidad de Parra es recurrente, no podríamos decir lo mismo de quienes pusieron la música a sus versos ni los que teatralizaron sus temas. Olvidados de la esencialidad de la anti poesía, devinieron en una acogida al oscurantismo, al enrevesamiento cultural, a la pose mediática que resulta increíble. Reiteraron ese maldito prurito del chileno de creerse intelectual ante  lo inentendible y, debido a ello, se falsificaron, tornáronse engreídos, se creyeron vanguardistas y  pensaron que lo profundo es ser lo más intrincado posible.

Para qué hacerlo difícil si lo podemos complicar más es su lema.

La antipoesía privilegia la coloquialidad, el desenfado, la ironía, la frase sencilla, entendible para todos los mortales, incluso para académicos y criticastros,  y resulta agradable y simple en su estructura.

Como les fascina la pose, dieron al traste con las virtudes más básicas de la antipoesía.

Es lo que encontramos reprochable del “Teatro de Nicanor Parra”.

Este último, por supuesto, no tiene la culpa de sus secuaces. El no los escogió…

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