Enrique Bunster y Cochrane

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Por Jorge Arturo Flores        

Nuestra historia naval, tan regalada de acontecimientos gloriosos, a la hora del balance no es precisamente justa con quienes tuvieron un sitial preponderante. Existe un olvido ex profeso de algunos héroes que las ganaron todas y encumbraron el nombre de Chile en el concierto de las victorias navales.

Nombres hay muchos, pero siempre nos ha llamado la atención ese desánimo, ese olvido permanente de tres hombres de mar que ganaron sus combates, no murieron en la batalla y llenaron de gloria la bandera chilena.

Nos referimos a Thomas Cochrane, Juan José Latorre y Carlos Condell.

Todos ellos son ganadores natos, con amplio margen de gestión, con sabiduría, conocimientos tácticos y estratégicos, rápidos para discernir frente a las dificultades que fueron muchas.

Tienen  otras cualidades…

Juan José Latorre, a quien Grau nunca pudo vencer y casi siempre huyó (difícil que venciera cuando se está huyendo permanentemente), permitió el dominio de Chile en el mar y la derrota de la armada enemiga. ¿Se recuerda el combate de Angamos como el de Iquique?. Por otra parte Carlos Condell, vencedor de Punta Gruesa, abatió a un enorme barco, la mitad de la escuadra peruana, mediante la astucia y tranquilidad, al mando de un pequeño buque. ¿No es acaso Punta Gruesa el pariente pobre del combate de Iquique?. ¿Acaso no se recuerda todos los años el martirio, la derrota de Prat y sus valientes y se olvida a Punta Gruesa y Angamos?.

Por supuesto que sí.

¿Razones?. Aparte de haber vencido, tuvieron un grave defecto: murieron en la cama, no en la batalla.. Y eso a los historiadores, parece, no les agrada…

Un Lord inglés de Chile

Al llegar Cochrane a Chile, de acuerdo al libro de Enrique Bunster (Lord Cochrane Editorial Sudamericana 2001), se le dio innumerables banquetes y agasajos. Mal que mal, era un Lord. No sabían dónde colocarlo. Hubo fiestas y boato. Mucha recepción final. El lord era observado con la curiosidad propia de quienes están tan alejados del Mundo Viejo.
Posteriormente, le fue entregado el mando de la escuadra nacional y se le confirió el título de Almirante. No olvidemos que Chile, entonces, era un país pobre, recién naciendo a la república y no contaba con medios ni experiencia.

Thomas Cochrane estuvo al mando de la escuadra libertadora al Perú, le dio disciplina a los marinos chilenos, “les sacó el jugo”, en otras palabras y los hizo participar en acciones bélicas digna de ejemplo. Al igual que Latorre, venció al enemigo y permitió la soberanía de Chile en el mar.

Todos contra Cochrane

Cuando Cochrane empieza a organizar la incipiente escuadra, surgen las primeras (y no las últimas) dificultades.

O’Higgins, San Martín, Monteagudo y Zenteno le pusieron todas las trabas posibles para hacer más dura su tarea. Es decir, además de luchar contra los españoles, tuvo que hacerlo con quienes lo contrataron, especialmente José de San Martín, a quien las historias han elevado en un pedestal de barro.

Hubo hasta murmuraciones

Sin embargo, el hombre era terco cuando tenía la razón.

Y se enfrentó a Zenteno y a San Martín, especialmente este último.

Las grandes victorias

La primera victoria, la primera “ gran victoria” mejor dicho, de la Armada chilena al mando de Cochrane se realizó en el sur de Chile: fue la toma de Valdivia. Este puerto fluvial era un enclave español que, junto con el de Chiloé, hacía ondear en suelo patrio la bandera de España. La empresa para conquistarla era inmensa y O’higginis siempre pensó que para ello necesitaba de un gran ejército y muchos barcos.

Cochrane no.

A fuerza de ingenio, esfuerzo y valentía, con trescientos hombres, puso en jaque la guarnición española, la venció totalmente, apoderándose de cada uno de los fuertes que protegían el río desde Corral y tomóse Valdivia. Los ecos de su victoria fueron amplios. Caía el primer reducto español en Chile, restando solamente Chiloé.

Se anexaba a la naciente república nuevos territorios.

La segunda muestra de heroísmo, ingenio y decisión la tuvo Cochrane en el puerto peruano de El Callao, en manos españolas. Allí se encontraba la Esmeralda, fragata de 900 toneladas y cuarenta y cuatro cañones, orgullo del virrey. Ubicada en medio de la rada, protegida por los cañones de El Callao y por el resto de la flota. Allí, en medio de ese infierno, una noche, en esquifes, Cochrane se internó con sus hombres y, a sangre y fuego, se apoderó de la presa.

Fue un triunfo brillante, pocas veces visto, lo cual acrecentó la admiración del pueblo chileno por el almirante y aumentó en la misma medida el odio de San Martín hacia quien le robaba los laureles de la gloria al través del combate. Recuérdese que San Martín se tomó Lima sin disparar un tiro, no antes de evitar a toda costa el enfrentamiento y dar largos

rodeos alrededor de Lima, sin atreverse a entrar..

De ahí partió la definitiva ruptura con el Protector del Perú.

De ahí, también, surgió la supremacía de Chile en el Pacífico, al igual como lo fue, años más tarde, de la mano de Juan José Latorre.

Enrique Bunster y su Lord

Enrique Bunster (1912-1976), periodista, escritor y dramaturgo, dio en el clavo con su libro, reeditado el año 2001. Es un texto aclaratorio, que eleva a la altura debida al almirante inglés, sale al paso de las perversas intenciones de quienes obstruyeron el paso del marino y, con documento en mano, aventa cualquier duda sobre la honorabilidad y temple del gran almirante.

Con una prosa sencilla, rápida, breve y sintética, Bunster nos ofrece una imagen clara del personaje en cuestión y es, a todas luces, uno de los mejores, si no el mejor, libro que se ha escrito sobre el marino inglés que tanta gloria le dio a Chile y que nuestra patria, sin embargo, no le retribuyó de la misma forma, puesto que los gobernantes de entonces, se esmeraron, desgraciadamente, en hacerle complicada su permanencia en nuestro suelo.
También, hay que decirlo, los historiadores, no fueron ni han sido ciertamente objetivos e imparciales, como se acostumbra a calificarlos, cuando se refirieron al ilustre ingles.

Más bien lo contrario.

Ejemplar de colección, necesario para airear el paisaje de la historia fría, estática e interesada, que es la historia oficial de Chile.

Estos libros ayudan a desmitificarlo.

Sobre Enrique Bunster

Cochrane es la figura central de esta crónica, pero no podemos pasar  al lado del ilustre escritor don Enrique Bunster sin agregar algo sobre su obra y estilo. Qué mejor que cederle la palabra a Alone, para que nos dé una impresión de lo que fue el escritor: ”

Bunster pertenece exactamente a la familia de los escritores que, según el crítico francés, no escriben. Nadie buscará en él, ni encontraría si los buscara, hallazgos de expresión, frases de esas que alegran el espíritu, comparaciones felices o simplemente finas, puestas para ampliar el panorama y que le abren perspectivas. No; él dice lo que tiene que decir; y basta.

Es lo que se llama, en el buen sentido, un autor suficiente”.

No significa ello, por cierta. que le falta mérito: lo posee y grandísimo, pero está en el fondo, en los hechos. Bunster posee gran tino para presentir y averiguar cosas curiosas. Allí donde han pasado otros repitiendo las archisabidas, él descubre datos inéditos, inesperados y los saca a luz. Posee una de esas varillas de los rabdomantes que giran con las corrientes subterráneas.

En las páginas de Enrique Bunster alternan el investigador curioso, el excursionista por mares lejanos, el hombre a quien su oficio preocupa y, dominándolos, un psicólogo capaz de plantear sus tipos en plena acción, dinámicamente, a través de los hechos.

Esta es la facultad matriz de Enrique Bunster y allí culmina su talento narrativo, la cuerda en que no aburre nunca “ni hace perder el’ tiempo”.

Ver biografía, comentarios y nomina de libros de ENRIQUE BUNSTER en http://www.semblanzasliterarias.wordpress.com

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