Luis Rivano, novelista

Prohibida su reproducción, salvo que se mencione al autor y la fuente.

miniaturas

Por Jorge Arturo Flores

Posterior a la a publicación de su primera novela, “Este No es el Paraíso”,  Luis Rivano dio a luz dos textos más que continúan, en cierta medida, con el tema. Se intitulan  “El Signo de Espartaco” y “El Apuntamiento”.

En “El Signo de Espartaco” regresan los 3 amigos: Reginaldo Flores, Osvaldo Guerra y Víctor Hidalgo. Pero han cambiado las circunstancias. Osvaldo Guerra se retiró de carabineros. Ahora es un obrero de la construcción, comprometido absolutamente por la causa de los obreros a través de los sindicatos. Reginaldo Flores fue ascendido a cabo y está a cargo de un retén en Colina. Víctor Hidalgo fue destinado a la escuela de carabineros.

La trama no tiene la linealidad del libro anterior. Hay más conocimiento  de la técnica narrativa y las aventuras de los tres nombrados se entremezclan en racconto o flash back, situación que no conoció “Este No es el paraíso”. Las circunstancias conflictivas de los carabineros y el constante abuso de sus superiores persisten en la saga, pero ahora interviene un civil, aunque es un ex uniformado, como es el caso de Osvaldo Guerra. Si bien  el interés no decae, este ejemplar no tiene la tensión del primero. Las numerosas anécdotas cortan el cable dramático en varias partes, haciendo la lectura más lenta y obligando a concentrarse en el devenir de los protagonistas, esta vez separados, para no perder su esencia.

Eso perjudica al leyente.

Cuando se abusa del corte, del racconto, de las reflexiones, el nudo dramático se embrolla con facilidad y el lector, a veces, tiende a desconcentrarse.

Abundan los diálogos en torno al tema social, al marxismo, el proletariado, las soluciones políticas para la pobreza, etc. Si bien todo autor tiene el derecho a colocar lo que le parezca pertinente, propondríamos que las cosas fueran más abreviadas, no tan extensas, porque importan un tedio espantoso. La política nunca ha sido interesante de leer. Solamente para quienes la practican. Y eso.

Es la parte morosa de este relato.

 El Apuntamiento

El título significa, en la jerga delictual,  pagar coima al detective para que lo deje trabajar. Acá se nota de inmediato el cambio de mano. Hay indudablemente técnica literaria. Si bien el relato es un largo racconto, esta vez resulta más lineal, sin cortes, con lo que el lector obtiene una lectura fluida, muy anecdótica, con un lenguaje sobrio, sin afeites, que permite, en breves trazos, mostrar el ambiente en que se desenvuelve el protagonista, un choro del submundo. En general, “El Apuntamiento” trata de los incidentes de un joven en el universo de invertidos, rameras, lanzas, cogoteros, tiras (detectives), donde impera el alcohol, el sexo, la droga, el límite de la vida.

“El italiano”, como se llama el personaje, es mostacero (afanador de maricones), luego pasa a ser “fioca” (amparado por una “prosti”) y termina asesinando a un homosexual.

Rivano describe acertadamente el contexto, las personas, los motivos que cada uno tiene para hacer de su vida prácticamente una tragedia indisoluble y sin vuelta. Hay conocimiento del tema, sabe calibrar los espacios y la tensión. Se nota que hay mayor oficio, y, por supuesto, mejor disposición para burilar el cuento. Sobresale el retrato de las tres “patinadoras” con quienes “el Italiano” convive temporalmente: Nancy, Gilda y Clemencia. También hay talento para dibujar al Tolo, compañero de robos en los microbuses, y la filosofía del Cabro de los Perros.

En este universo de los suburbios siempre existe alguien que filosofa sobre su vida y la de sus colegas de infortunio. Obviedades, claro, pero filosofía al fin. Es una forma de limpiar las heridas, de abrir una puerta hacia el futuro, de entender las razones por las cuales se desenvuelven en esos mares. Hay, sin duda, una ácida mirada a la desigualdad social imperante en el  país, promotora, según ellos, de sus problemas sin solución.

Es una buena novela. Casi redonda.

OTRAS NOVELAS 

 Tirar a Matar

 La vida de Roberto Placilla (Roberto por el carabinero que lo rescató y Placilla porque vivía en Valparaíso) es la rutinaria existencia de un delincuente que se dedica a llevar paquetes de droga de un lugar a otro del país. Antes vendía corbatas de seda. Pertenece a una banda que comanda doña Tere, ex “cabrona” de Coquimbo, quien posee dos hoteles parejeros, una flota de taxis, un departamento para citas, etc.

Todo bien hasta que  Roberto conoce a Beatriz.

Son los tiempos del “hippismo” como novedad en la clase acomodada chilena.

Beatriz pertenece a ese segmento social y por “choreza” andaba conociendo los bajos fondos. Roberto se prenda ella. Ella se prenda de Roberto y comienza la clásica historia de amor, imposible desde siempre, entre un pobre y una rica.

Luis Rivano continúa afinando el pulso en este trabajo. Recurre nuevamente al  “racconto” como técnica literaria y se nota que escribir le resulta cada vez más fácil. La pintura  del submundo urbano persiste como tema cardinal, con el retrato de los malhechores, drogadictos, putas, cafiches, traficantes. Pero esta vez la acción se concentra en la atracción física que se da entre el personaje y la heroína.

Una historia de amor.

Descabellada, afligida, dura, con altos, bajos y un final predecible.

Así como muchos autores chilenos obtiene su material desde una sola veta ( a Hernán Rivera Letelier lo critican en exceso por eso, olvidando a  Manuel Rojas, Francisco Coloane, etc.), Rivano no les va en saga y persiste en esos universos que él conoció muy bien, aunque esta vez la narración toma un vuelo distinto y el drama comienza a remontar del suelo, yéndose a otros lugares.

Porfía el autor en su majadera elucubración ideológica, simplificada en el continente de ricos y pobres, con un acento panfletario que comienza a fastidiar. Seguramente esas disquisiciones son necesarias en el contexto, pero la reiteración “latea”.

Entraba la tensión, lentifica el cuento, se va por las ramas.

No obstante ello, el relato se hace leer y aunque el tema es manido, interesa de principio a fin, porque el autor tiene un especial talento para coger la atención del leyente y no soltarlo hasta que concluye la ultima página.

El remate es circular con la “Luger” como ente preponderante.

 La Yira

 Con esta novela, Luis Rivano pone fin a la saga que comenzó en “Este no es el paraíso”. Trata sobre la vida de Nancy, la prostituta que en libros anteriores convivió con el italiano. Regresan el Rigo, Jorge, el Tolo, Vinizio  (el italiano). Es la supervivencia con los cafiches de turno, la odisea en casa del barrio alto como empleada doméstica, luego “cuesta abajo en la rodada”, para terminar, paradojalmente, en  el domicilio de su padre, el mismo que había abusado de ella cuando tenía doce años.

La madre había muerto.

El ambiente se repite, lo mismo el racconto. Al parecer le gustó esta técnica narrativa, puesto que la maneja con delectación en los libros posteriores al primero. Esta vez la narración es más rectilínea, sin cortes excesivos. Tampoco hay reflexiones del autor respecto de la situación social. Pinta algunos trazos, pero son breves y únicamente  colorean la atmósfera.

La vida de Nancy, como se comprenderá, es triste y la única ilusión es vivir  en paz.

La vuelta a casa es el inicio.

Retornar al cobijo paterno, del cual huyó justamente por el abuso, puede sonar a trágico, a masoquismo, a embrutecimiento mental. Pero es asi y  posiblemente  la realidad lo delate. No olvidemos que la mujer violentada por su pareja persiste en convivir, pese a la tragedia. Hay una faceta de animalidad en estas relaciones. Semejan normalidad y  parece fluir sin estridencias.

Si bien con este libro, reiteramos, se pone fin a la saga que dice relación con la experiencia policial, lo cierto es que la temática propiamente tal finaliza con la publicación del cuento, en 1973, La mujer del auto celeste”, que se incluye en el volumen “El Rucio de los Cuchillos”.

 NOVELISTICA DE RIVANO

La tarea emprendida por el escritor es auténtica, interesa sobremanera, evolucionando favorablemente desde su primer texto. Pinta con autoridad el ambiente del suburbio. El amor es el sentimiento que continúa predominando en la vida gris de sus protagonistas y hay violencia abierta o soterrada en las interrelaciones. Emerge la legalidad como injusta y putrefacta. La descripción de las prostitutas es siempre acertada y muestra una naturalidad que es absolutamente creíble. Asimismo, es notoria la faceta ideológica que el autor va impregnando en sus líneas, mirada desde la perspectiva de ricos y pobres, desigualdades sociales acérrimas y corrupción a todo nivel.

Aunque no levanta el puño, su relato a veces deviene en lo panfletario.

Luis Rivano se apoyó en experiencias personales para desarrollar sus novelas. Lo suponemos. Al igual que otros actores que vivieron este tipo de prácticas, Rivano les otorga el cariz de autenticidad. Habría que investigar si, después de la rutina como carabinero, el resto de la saga es fruto de sus vivencias  o  solamente es parte de una ficción.

Luis Rivano ocupa un lugar importante en la literatura chilena, aunque su temática no sea valorizada. Existe cierto distanciamiento del lector común como asimismo de la crítica especializada.

Equivocados están porque el escritor posee condiciones indubitables que lo perfilan con notoriedad en el parnaso literario.

La recolección de sus novelas en “Narrativa Completa” (2010) ayudará, en rigor, a desentrañar la obra del autor,  ofreciendo a las nuevas generaciones el conocimiento de un submundo que existió y que todavía pervive en la marginalidad.

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