CUATRO GRANDES EN EL CUENTO CHILENO DURANTE EL SIGLO VEINTE

Prohibida la reproducción del texto, salvo que se indique nombre del autor y la fuente.

Por Jorge Arturo Flores

El cuento es un género literario que no es fácil de coger. Incluso se cree que es más difícil que escribir una novela. Priman, ante todo,  la síntesis, la brevedad, la contención, el límite.

Hay que poseer ricas condiciones artísticas para adentrase en su campos.

Al contrario de los que algunos piensan, en Chile encontramos numerosos cultores del cuento, breve o extenso. Curiosamente, muchos novelistas irrumpieron en estas arenas, laborando con singular talento: José Donoso, Luis Durand, Marta Brunet, Guillermo Labarca, González Vera, Augusto D DHalmar, etc.

Al parecer también necesitaron ejercitar la mano en un medio donde no existe la expansión que otorga la novela.

Salieron victoriosos.

En el principio existía el cuento y con él surge la figura determinante de BALDOMERO LILLO, el creador, según algunos, del realismo social. Bastará para mostrar esa relevancia leer únicamente su texto de cuentos Sub Terra que conmovió al mundo literario cuando emergió desde las tenebrosas minas de carbón de Lota. Nunca antes se había puesto de manifiesto las miserables condiciones de los mineros del carbón ni nadie tampoco tocó de esa forma la sensibilidad de una nación.

Hay un antes de Lillo y un después.

Ya nada fue igual después de su lectura. Y en verdad conmueve el alma sus relatos, recreando la tragedia de esa gente pobre, desheredada de los dioses, viviendo en un mundo sórdido, brutal y sin horizonte. El libro es una monumental queja, un flechazo al infinito respecto de la ignominia y la explotación en la que caen los hombres cuando poseen el poder económico, social y religioso.

Leer Sub Terra es ingresar a un mundo lóbrego, terrible, que  no admite defensa ni disculpas públicas.

Por esa obra, por ese libro, Baldomero Lillo inscribe su nombre entre los Grandes del cuento chileno.

No podría decirse que FEDERICO GANA ayudó a incrementar la población libresca de este país.  Más bien podría decirse  todo lo contrario. Le sucedió lo mismo  que María Luisa Bombal, que produjo poco, pero bueno. En este caso, Federico Gana inscribe su nombre entre los grandes con una escasa producción, pero es tan soberbia, tan llana, tan atractiva, que lo hizo merecedor, siempre, del aplauso de los críticos y de sus lectores. Al contrario de Baldomero Lillo, con  quien siempre se emparenta, su pupila es la de un hacendado que cuenta lo que ve en el campo, con cierta bonhomía en el carácter y estilos de sus relatos, sin descuidar el dramatismo de los seres que habitan en él, en especial los que fallecen. Hay una mirada lúcida, hasta tierna,  para las personas solas, que viven como “señoras” allegadas o las que escriben cartas para el hijo ingrato. Su temática en estos términos es varia. Y resalta porque posee un estilo repujado, un lenguaje accesible, una mirada al paisaje que no aburre y atrae y una tensión dramática que, sin ser acezante, cautiva.

Los mares australes, fiordos y canales, las ventiscas, islas y el frío magallánico, es la atmosfera donde se dibujan los relatos de FRANCISCO COLOANE. Recio escritor, sobrio de estilo, parco en el lenguaje, preciso en las descripciones, impasible como los habitantes de esas inclementes tierras, su tarea se yergue con fuerza en la trilogía de cuentos que tienen nombres propios de la región: Cabo de Hornos, Golfo de Penas y Tierra del Fuego. Relatos al aguafuerte, con anécdotas que capturan y cierto dramatismo seco, pero no menos hondo. Bucea en la sicología de los personajes, pero no tan profundamente que repte hacia las digresiones, sino lo suficiente para retratar un carácter, fijar una actitud o representar un hecho. De estilo simple, claro y sencillo, su lectura atrajo a numerosos lectores que lo favorecieron con su beneplácito, irguiéndolo entre los Grandes de la cuentística chilena.

Marta Brunet, Luis Durand, Hernán del Solar  y Manuel Rojas son excelentes novelistas. Sin embargo, también agregan  condiciones esplendentes para trabajar el relato corto. De la escritora chilena se recuerda siempre Doña Santitos, Don Florisondo, Doña Tato, Francina; de Luis Durand, La Picada, Afuerinos y la Carreta de Juan Mardones; de Manuel Rojas El delincuente, El Vaso de Leche, Laguna, el colocololo, Una cotorra y la carabina, o Rododendro y Pata de Palo de Hernán del Solar, etc.

Narraciones que están permanentemente en las antologías de rigor.

Son Grandes, sin duda, en el cuento chileno.

Al igual que otros autores que, entre novelas, poesía y ensayo, se detuvieron en el relato breve, dando con algunas versiones que sobresalieron, pero no  perseveraron. Guillermo Labarca con Vásquez, Luis Orrego Luco con El Padre, Daniel Riquelme con el Perro del Regimiento, José Donoso con Santelices y Veraneo, Augusto DHalmar con A Rodar  Tierras, Guillermo Blanco con Adiós a Ruibarbo, Oscar Castro con Lucero y suma y sigue.

Son varios en esta lista especial.

¿Cuál podría ser el cuarto cuentista que forme parte de los Grandes en el relato breve?.¿Saldrá de los enunciados?.

Esta vez el lector tiene la palabra.

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