LUIS RIVANO, la cuentistica de un novelista

Prohibida la reproducción del texto, salvo que se indique nombre del autor y la fuente.

Por Jorge Arturo Flores        

 

En cuentos publicó un solo texto, “El Rucio de los Cuchillos” (1973). Compuesto de siete narraciones, el asunto corre a parejas con la temática de sus ficciones anteriores.

En  “La mujer del auto celeste persiste la saga policial, en el sentido de contar peripecias sobrevenidas a un carabinero raso. Trátase de la historia de uno que conoce a una mujer manejando  un “escarabajo” (Volkswagen) en viaje al sur. Posteriormente intima con ella. Todo termina mal, como es de suponer, y al final posa sus ojos en la empleada doméstica.

La anécdota se construye a partir de un diálogo entre el protagonista y un compañero policial. Está narrada en primera persona y, según el prólogo del autor, constituye su primer intento en esta técnica literaria. Es fluida, sin comentario marginal, en un tono cotidiano, donde el humor no está alejado ni menos la ironía, propio de seres que comparten horas de trabajo.

La relación entre una persona que pertenece al bajo pueblo y otra que vuela por la clase más alta es una constante en la narrativa de Rivano. Es como una fijación. Demuestra, en el fondo, la trascendencia que tiene, primero, la división de las clases sociales en Chile, y, segundo,  la oportunidad que posee el hombre de pueblo, en este caso un carabinero, de encamarse con una representante de la clase acomodada.

Es decir, no hay barreras.

Pero el final es siempre predecible, como lo hemos dicho: el nudo se corta por lo más débil y el hombre debe volver a su realidad.

Algunos verán en todo esto  resentimiento social y la revancha espontánea  de los de abajo acostándose, (que es una forma de violentar el limite),  con las de arriba.

Todo puede ser.

En “El Informe” esta coyuntura se repite: un hombre del pueblo, sucio y maloliente, es contratado por una mujer del barrio alto, separada de su cónyuge, con bastante dinero. Comienza arreglando el baño y termina durmiendo con ella. Posteriormente, la mujer empieza un especial adoctrinamiento cultural del hombre, dándole a leer libros de la literatura universal, alcanzando hasta la música. Todo va bien, el hombre se enaltece corporal y espiritualmente, asciende en todos lo sentidos, hasta que la mujer deja de llamarlo, no lo atiende y un día comprueba que en el baño hay un joven de veinticuatro años…componiéndolo.

El texto parte con un discurso del protagonista hacia un auditorio que es fantasmal. Les habla de “compañeros” y va enhebrando la acción al través del monólogo. Al principio parece la habitual perorata ideológica, pero después la acción deviene en lo que hemos comentado.

El cuento que le da nombre al texto, “El Rucio de los Cuchillos” es un relato que escenifica la vida de un reo en la cárcel, un joven que prepara cuchillos para las bandas y que desea ingresar a una que tiene como líder al Pato Norambuena. El choro, en este caso, el Rucio, admira al choro mayor y desea estar a su lado. Este lo trata de invertido y al final se enfrentan en un duelo en que, sorprendentemente, el Rucio despacha a su ídolo.

La fábula típica en la eterna lucha por obtener el poder.

Revive Rivano la fijación entre un pobre y una mujer con vida acomodada en el cuento “El menú de Orestes”. El hombre está casado con Berta, una mujer de su clase que, con el matrimonio y las circunstancias económicas, se torna fea, sin dientes, agriada, con muchos hijos. El, laborando como autómata y bebiendo gran parte del dinero que consigue, conoce a una mujer de clase superior a la suya. Como su trabajo es menor, se las arregla para mentir, diciendo que es empleado bancario (entonces de gran relevancia), se “cacharpea” y en la onda de la simulación consigue lo que desea: acostarse y vivir una aventura con la fémina. El final, como todos,  una reflexión sobre lo hecho y la comparación del modus operandi con su mujer. La comida, mejor dicho, el menú que se le tiene al perro de la casa es increíble y lo desploma en su oscura, terrible y triste realidad.

Es pobre, pertenece a otro mundo, allá debe volver.

BREVE CONCLUSION

El trabajo cuentístico de Luis Rivano es reiterativo en la temática  y nótase la misma cuerda, el mismo trompo, similar caída. Es un ritornelo que  menudea. Como  también redunda en la fisonomía de las mujeres: limpias, acicaladas, bien vestidas, irradiando perfumes finos, delgadas, etc. Es el paralelo duro, agrio, definitivo, con las mujeres que llenan la vida de los protagonistas.

Constituye una tenue línea de fijación discriminatoria.

Y, el mismo tiempo, es el rayado de cancha del autor respecto a la abierta lucha de clases que existe y ha existido en Chile. Tal vez la figura de un hombre de pueblo, no siempre agraciado ni oliendo bien, montándose a las finas yeguas de la clase acomodada, sea el íntimo deseo de todo ser que observa el deslinde social, económico y religioso, y cuyo ingreso  le es vedado.

Para ello, se funde físicamente, como un desahogo vivencial.

La oportunidad era propicia para describir esos encuentros sexuales entre dos mundos con más detalles. Pero el creador prefiere la sugerencia, el velo, la parte brumosa. Es decir, opta por adscribirse al mundo que critica. Todo lo contrario de lo que piensan los habitantes del suburbio, no acostumbrados a esas burocracias del amor y más empecinados en voltearlas.

He ahí un matiz importante en el relato de Rivano.

“El Rucio de los Cuchillos” por su contenido, es diferente al resto. Acá vemos la clásica pugna por el ascenso, no social, pero sí delictual, trascendente en la escala valórica de los proscritos. Una pecha que nos recuerda lecturas varias de otros autores, retratando el submundo urbano, donde los principios y valores, evidentemente, están trastocados desde la perspectiva moral de una sociedad encorsetada en fundamentos atávicos, religiosos y también políticos.

Segmentación social, mundos diametralmente opuestos, soterrada melancolía por el bien ajeno y luchas por alcanzar el poder, son los fundamentos de la cuentística de Luis Rivano. Unido a ello, un tratamiento del lenguaje que es claro y categórico, con la irrupción del narrador en primera y tercera persona y  el uso del racconto como herramienta literaria, al igual que en sus producciones anteriores.

Su trabajo se hace leer con interés y agrado. Y eso es meritorio en un escritor que, poco a poco, se inserta en la historia literaria chilena.

TEXTO: Jorge Arturo Flores

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