Nicanor Parra: El Cristo de Elqui

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Por Jorge Arturo Flores

Uno de los puntos alto en la poemática parriana es la publicación de los textos Sermones y Prédicas del Cristo de Elqui (1977, 1979 y 2007) y  Nuevos sermones y Prédicas del Cristo de Elqui (1979,2007). Vienen después de Poemas y Antipoemas (1954) y antes de Hojas de Parra (1985), los cuales, en materia de antipoesía marcan el ritmo, señalan la senda, muestran el acervo de Nicanor Parra.

 

SERMONES Y PREDICAS DEL CRISTO DE ELQUI

Domingo Zárate Vega, alias El Cristo de Elqui, existió. Era maestro albañil. Posteriormente se transformó en un predicador de tintes evangélicos que  propagó su personal visión del cristianismo en todo el país, alcanzando incluso los países limítrofes. Provisto de sayal y sandalias, su rostro estaba  cubierto por una larga barba, que algunos osaron poner en duda, mesándola. Las uñas eran larguísimas, como garfios. Tanto la barba, las uñas y la indumentaria constituían el luto de Domingo Zárate por 18 años (Parra dice 22) debido a la  muerte de su querida madre. Fue, por supuesto, tildado de loco, lo encarcelaron e internaron por 6 meses en la casa de Orates. Tuvo seguidores. La Iglesia Católica, era que no, lo condenó con alguna fiereza. Nicanor Parra lo conoció predicando en la Quinta Normal de Santiago de Chile. Lo contemplaba desde lejos porque no se atrevió a acercársele. Su mirada, dice, era intensa.

Ulteriormente el predicador deja su trabajo y se retira a la vida privada, muriendo solo y abandonado.

Utilizando el parlamento del predicador, Nicanor Parra estructura el hablante lírico para desarrollar su poesía, basada principalmente en temas puntuales de la época. No olvidemos que cuando el texto sale a la luz, estábamos en plena dictadura militar y la censura literaria imperaba en gloria y majestad. Inclusive  habíanle destruido al antipoeta sus Artefactos.

Para publicar al bardo y su discurso, éste no haya nada mejor que enmascarar al protagonista, lo denomina El Cristo de Elqui,  lo ubica en tiempos de otra dictadura, la de Carlos Ibáñez del Campo y, desde esa perspectiva, aprovecha de enviar algunos mandobles a la que regía.

Es una de las genialidades de Parra.

Porque el libro pasó las trabas de la censura y nació a la vida, llevando inmerso un innegable ataque subliminal a los horrores del régimen militar. Véase, por ejemplo, este texto, harto definidor:

El pueblo chileno tiene hambre

Sé que por pronunciar esta frase

Puedo ir a parar a Pisagua

Pero el incorruptible Cristo de Elqui no puede tener

Otra razón de ser que la verdad

El general Ibáñez me perdone                        

En Chile no se respetan los derechos humanos

Aquí no existe la libertad de prensa

Aquí mandan los multimillonarios

El gallinero está a cargo del Zorro.

Eso por el lado político.

Por el punto de la poesía, Sermones y Prédicas del Cristo de Elqui nos muestran la antipoesía desde el sustento del parlamento como espesor artístico. El discurso hace su aparición en este libro, manteniendo en alto las ricas virtudes poéticas de Nicanor Parra.

Los temas empleados son varios.

Van desde la justificación del protagonista por su vestimenta y su largo peregrinar, hasta consejos para el mantenimiento físico, trabado por consideraciones religiosas extraídas, claro está, de la Biblia. Hay un enfoque rabioso hacia quienes dudan de su palabra, lo hieren por todos lados y no se sientan a escucharlo o, al menos, analizar sus apóstrofes. El discurso en sí no es monotemático sino que permite, en su desarrollo, la aparición de textos que, aparentemente, no tienen mucho que ver con el personaje, pero que son parte de la metodología parriana, en el sentido de  rupturizar el magma poético.

El texto se lee de corrido, con interés, sin pausa, gustando el léxico de la tribu, coloquial, exento de superficialidad, con un material vario que enriquece la lectura y hace más notable las virtudes del antipoeta.

 

 

NUEVOS SERMONES Y PREDICAS DEL CRISTO DE ELQUI

Es la continuación del libro anterior. Acá notase más la precariedad e inestabilidad del discursante. Existe más dramatismo. Pero mantiene la tónica del anterior en el sentido de obtener del contexto  matices que se relacionan con la  contingencia política. Da consejos sobre la salud, recuerda a su madre, posee  energía visceral para criticar a quienes lo atacan pos su aspecto, contiene  filudas imprecaciones a la iglesia católica por olvidar el papel que les asignó Jesús de Nazareth, hay mandobles a los ricos e inescrupulosos, persiste la ironía y sátira al dibujar la actualidad, matizándola con  humor chileno para despertar el alma. Despacha también mensajes subliminales contra la dictadura militar.

Mantiene un  lenguaje  lúcido, ágil, comunicativo, cautivando al lector por su cercanía y calidez.

El discurso público como fruto poético continúa siendo el principal aderezo de la segunda entrega, obteniendo el autor logrados objetivos y manteniendo en alto su permanente evolución en estas materias, sin desdeñar su excepcional arte. Es un hablar íntimo, humilde, donde el predicador hace notar los errores en que cae el común, rebajando su capacidad como misionero, poniendo los puntos sobre las íes cuanto a  comparación con su Luz, Cristo; apostrofando a quienes lo han olvidado, recriminando a los que prefieren el individualismo antes que la comunidad. Profetiza sobre el advenimiento de un socialista al poder, el término de su mandato y posterior suicidio.

Es otro de sus mensajes políticos que pasó inadvertido para la censura.

                                                   

CONCLUYENDO

La Vuelta del Cristo de Elqui (2007) no merece mayor comentario puesto que lo forman los dos libros anteriormente enunciados más la adición de cuatro poemas.

La visión social, política y religiosa de Nicanor Parra, observada al través de la figura de Domingo Zarate Vega, prefigurado como el hablante lírico, (El Cristo de Elqui), queda ampliamente descrito en el fondo de estos dos volúmenes. El manejo del habla coloquial es notable porque no cae en el prosaísmo. Innova en la poesía trayendo el discurso (la interpretación del yo poético) como elemento artístico, el cual posteriormente cristalizará a mayor nivel con sus Discursos de Sobremesa.

El humor, la ironía, el sarcasmo, son utensilios que el albañil utiliza para airear el paisaje, para metabolizar el recado, para descomprimir el ambiente, sin rebajarlo y evitando que el fondo se obscurezca, permitiendo al lector  rastrearlo y conmoverlo.

Es un atributo manifiesto del gran trabajo que ha realizado Nicanor Parra en la Literatura Chilena.

A nuestro juicio, Poemas y Antipoemas, Sermones y Prédicas del Cristo de Elqui, El Anti Lázaro, la Sagrada Familia, Hojas de Parra, Coplas de Navidad y los Discursos de Sobremesa constituyen las altas vertientes de la antipoesía parraniana. No olvidamos por supuesto el progreso y fragmentación de su poemática, consignada en la publicación de sus Chistes, Artefactos, obras públicas, cuecas, coplas, canciones, cachureos, trabajos prácticos, poesía política, calcetines huachos,  eco poemas, etc.

Toda su obra es un regalo para el lector, regalo que tiene  la particularidad de no finalizar nunca y sorprende constantemente con sus vaivenes.

Esta breve reflexión representa una vez más el testimonio de admiración de alguien que lo ha elevado a la categoría estelar de favorito, por sobre los inmortales chilensis.

P.D. Sobre Nicanor Parra y su obra hablamos in extenso en esta página y en http://www.escritorjorgearturoflores.wordpress.com

Un comentario en “Nicanor Parra: El Cristo de Elqui

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