NICANOR PARRA, Un Puñado de Cenizas

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Por Jorge Arturo Flores

Es la séptima antología publicada en torno a la obra de Nicanor Parra. Las anteriores son: Obra Gruesa, Poemas para combatir la Calvicie, Poesía Política, Parrada Larga, Pagina en Blanco y  La Antología de Nicanor Parra de Niall Binns (2012).

Consideramos dentro de la nómina a Poesía Política, dado que integran diversos poemas de raigambre ideológica recopilados por Enrique Lafourcade.

Algunos compendios tuvieron como directriz servir de antesala o ser homenaje por  la obtención de algún Premio: Obra Gruesa (Premio Nacional de Literatura), Poemas para Combatir la Calvicie (Premio Juan Rulfo), Paginas en Blanco (Premio Sofía de España), Antología de Nicanor Parra (Premio Pablo Neruda), Parranda Larga (Premio Cervantes).

UN PUÑADO DE CENIZAS (2015)

La recopilación está a cargo de Naín Nómez, que también la prologa en forma decorosa y abarca desde 1937 a 2001, es decir, de Cancionero sin Nombre al  discurso de agradecimiento   por el Premio Bicentenario otorgado por la  Universidad de Chile. (Los Discursos de Sobremesa fueron publicados en 2006).  El titulo está extraído del poema Es Olvido: “La conocí en mi pueblo (de mi pueblo sólo queda un puñado de cenizas)” y constituye una novedad dado que los títulos de obras referidas a Parra tendían siempre a mimetizarse con el sentido anti poético de su estro.

Las excepciones son Poesía Política y Antología de Nicanor Parra.

Toda antología importa, quiérase o no, una suerte de segregación. La mano y óptica del antologador elige de acuerdo a sus apetitos, o sea,  su gusto. No hay otra medida. El me gusta o  disgusta planteado por Alone como  única medida para valorar la obra artística  siempre está vigente, aunque por medio emerjan los defensores del análisis científico, (alejado de las particularidades del subjetivismo), cada vez más utópico e irrealizable.

Nain Nómez escogió lo que consideró mejor. Según su gusto. Por tanto, ya existe una segregación previa.

Está bien. Se podrá estar o no de acuerdo, pero eso es harina de otro costal. Y si por esos caminos alguien manifiesta disconformidad, caen en el mismo círculo vicioso: me gusta, no me gusta.

No se sale de ahí.

Entonces, todo escogimiento significa simplificación,  ergo, discriminación. El lector puede aceptar o no, reiteramos, pero, para quien ha seguido toda la vida a Parra, el asunto es más claro y disiente. Según él,   afloran  de inmediato vacíos, ciertos puestos  no fueron ocupados y algunos poemas  merecieron mejor suerte. Es su derecho como leyente sin pausa. Felizmente son pocos, lo cual enaltece el trabajo del compilador. Significa que su tarea fue casi completa y puede estar tranquilo ya que los dardos ponzoñosos que recibirá serán pocos.

Lectores impenitentes de Nicanor Parra echan de menos, por supuesto, las Coplas de Navidad, El Poema y Antipoema a Eduardo Frei (que se menciona en el prólogo); el Poema del   Papa, que es sensacional; el rap de la sagrada familia. No hay nada sobre la traducción del Rey Lear y muy poco sobre los Discursos de Sobremesa, sólo una pincelada fugaz.

Tal vez debió estirarse el lapso de tiempo y abarcar textos más recientes.

Pero suman los conocidos, Los Poemas y Antipoemas, Las Hojas de Parra, Los Sermones del Cristo de Elqui, los chistes, los artefactos, los que andan de boca en boca, los que traspusieron la línea y llegaron a la meta de la inmortalidad. Es la mayoría y consignarlos es abundar, dado que los lectores avisados saben de ellos.

El prolegómeno de Nómez, si bien reitera  mil veces lo dicho sobre la importancia y génesis de la Anti poesía, se desmarca del resto al contar con un lenguaje un tanto más sencillo y aprehensible para el común, lo cual permite un mejor aprovechamiento. No obstante ello, es tal la obsesión que anida  en su pecho de académico, que le resulta imposible no citar algunas palabras que permanecen en su disco duro y surgen obligadamente cuando analiza un texto. Por ejemplo, ¡claro que sí!, la expresión “desconstrucción”. En su beneficio habría que acotar su comedimiento: aparece una sola vez. Gracias. Hay otras, como” conjunción aparente, ambiguación y disyunción final”, aunque no sabemos si son propias o de Iván Carrasco. Las menciona y es indudable que por ellas siente un especial aprecio. Una nos llamó poderosamente la atención: ” “luctuosidad sentimental“. Simpática. Pero no es de él, sino de Nialls Binns.

Hay que reconocerle, por cierto, que estuvo acertado al colocar lo siguiente: “El espejo invertido del poder social que es lo popular”. ¡Bien!.

Y no hay más. Se  agradece como lector, puesto que sortea el tedio y la rabia contenida frente a la jerigonza técnica usada por tantos académicos chilenos, quienes columbran que con ello impresionan por su honda sabiduría, cuando, en el fondo, demuestran la más desolada ignorancia y un complejo de inferioridad innegable.

CONCLUYENDO

Los admiradores siempre leen y releen los trabajos de sus autores favoritos. Y no se aburren. Continúan entusiasmados con sus hallazgos.

Esta compilación, sin duda,  no los defraudará.

Finalmente, y en lo que atañe a nuestra abierta admiración por el vate,  la relectura  nos regresa a las primeras lecturas y aflora, al través de ellas, nuevamente el placer estético que nos  proporcionó.  Otra vez nos parecen geniales algunas expresiones.  Por ejemplo, ” “el oleaje mudo” de las ovejas, volviendo al establo. Quien vivió en el campo sabe de esto. También esa imagen grandiosa: ” cuando el perro  dormía dulcemente / bajo el ángulo recto de una estrella”. Uno se imagina el dibujo y exclama ¡caramba!.

Hay más, pero no hay que aturdir al asediado lector.

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APOSTILLA FINAL: EL LUGAR COMUN DE LOS DETRACTORES

Suman legiones los admiradores de Parra. Eso es inatacable e irredargüible. Y, contrario sensu, son escasos los que  atacan con fiereza, restando méritos. Algunos no tienen complejos y se comparan con él. Otros  se creen casos únicos y, por consiguiente, mejores. Es lo que  traslucen  sus juicios. O simplemente no tragan su trabajo. Esto último es más digno y lógico. Esa mescolanza variopinta de enemigos  va desde poetas y escritores de primer a  cuarto nivel hasta simpatizantes de izquierda y derecha, mixturando política y literatura.

Curiosamente ambas doctrinas no cuentan a Parra entre sus simpatizantes.

Se habla de independencia política, (¿existirán los que  se alinean en ninguna tendencia?) asunto que no gusta a los censuradores, puesto que les quita piso.

Ahora bien, ¿Cuáles son los lugares comunes con los que tropiezan inevitablemente los energúmenos que no gustan de  la poesía parriana?.

Partieron con el té de Pat Nixon, hecho que le enajenó la  escasa simpatía que  restaba entre los comunistas chilenos y del mundo. Imperdonable, sin duda, un  escándalo. Hoy parece una estupidez, propia de fanáticos recalcitrantes.   Luego  le enrostraron que  trabajó, durante la dictadura,  en la Universidad de Chile y no salió a protestar. (Seguramente debió alimentarse de aire). También lo atacan porque no se exilió. Y prefirió quedarse en Chile. ( ¿Y por qué habría de hacerlo?).

Puntos “literarios”  naturalmente.

Como aquello  fue insuficiente lo atacaron por otro flanco. “Payaso de la burguesía” fue lo más suave. Lo curioso, reiteramos, que el bando derechista nunca lo tuvo en sus oraciones. Aún más, en el periodo dictatorial quemaron la carpa donde funcionaba la obra Hojas de Parra y también las cajitas de artefactos en la Universidad Católica.

Esas fogatas recuerdan… la “Santa” Inquisición.

En otras palabras, nunca le fue bien con los burgueses.

Hay más, sin duda,  pero es tan escogida la mediocridad de sus detractores que resulta innecesario citarlos. Aúllan en demasía, como  locas de patio. Son de un enanismo mental inmenso que  necesitan, tal vez,   tratamiento médico. Algunos, por supuesto,  se dan tono criticarlo o pasan y posan de casos únicos, dueños de la verdad y de la belleza. Y miran con un desdén….

Parra, en su trabajo, les da como bombo en fiesta a izquierdistas y derechistas.

El intríngulis de esta situación  es que, como siempre, el factor político entrometió su cola en los arenales de la literatura. Y contó como efecto descalificador, lo cual, si bien resulta absurdo, es demasiado común en Chile.

Veamos el lado artístico. ¿Existen  hostiles en el plano literario que es lo que importa?. Claro que sí, nadie está libre de culpa en estos campos, especialmente si provienen de los negados por la gloria, la fama y el factor pecuniario. O de los que no pueden ocultar la tristeza por el bien ajeno. Abundan los de gusto exquisito, los que se escandalizan con la cotidianidad de Parra, con su coloquialismo, con los materiales que utiliza para crear. Prosaico es lo más repetido que se oye como también prosaísmo. No les genera simpatía. Cuesta concebir esa poesía fácil, clara, sencilla, que todos atienden y entienden. Además, molesta a sus oídos ciertas palabras de grueso calibre que emite el común de los mortales en el diario vivir y que el antipoeta transcribe. Sus irreverencias  revuelven los estómagos. Para que decir  los sarcasmos, ironías y chistes. No  hallan hermosura ni calidad artística y simplifican el comento expresando que es, simplemente,  ingenioso.

Todo es respetable. En materia de gustos nada hay escrito.

El mejor mentís frente a tanto chaqueteo de baja estofa (con las debidas excepciones, entre ellas, por supuesto,  la del lector de esta glosa) son los incontables premios logrados, los trabajos  sobre su obra y el multitudinario eco  conseguido en los lectores, al fin y al cabo,  el verdadero destino  de toda creación. Ha conquistado  la gloria en vida y eso es una prueba más de su riqueza, calidad y virtud artística.

Y con eso basta y sobra.

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