El otro Descubrimiento de América (crónica histórica)

Jorge Arturo Flores

Ya no es tan simple tragarse el cuento del descubrimiento de América como en los tiempos de colegio. No es tan sencillo recordar a Colón, Rodrigo de Triana, las tres carabelas y el grito ¡Tierra, Tierra!.

Las cosas han cambiado.

Y tanto que la historia tiene actualmente otra mirada para contemplar el paso de los descubridores, (hoy llamados opresores), que pusieron el primer pie en nuestro continente. Es lo que podría llamarse  El Otro Descubrimiento de América, tal vez el real, el primitivo, porque demuestra, al traves de varios escritos, el verdadero sentido que tuvo aquello y los inexcusables resultados que tal intrusión provocó. Algunos dicen que el descubrimiento fue el inicio del capitalismo en América. Todo lo cual no debiera preocupar: la vida humana, desde sus inicios, ha estado marcada por el comercio. Es parte, parece, de su necesidad de vivir. Lo que si mueve a la reflexión son las consecuencias que aquel acto histórico provocó en la tierra habitada por aborígenes. En esta parte, las pluma de los historiadores y escritores se afila, se acera, se torna airada, dispara adjetivos a granel. Y recopilan una serie de antecedentes que hablan de lo mal que lo pasaron los dueños de esta tierra desde que aparecieron en lontananza los invasores blancos: aprovechamiento, racismo, discriminación, devastación de suelos, supresión de religiones y costumbres, aniquilamiento físico de tribus, etc. son las expresiones que más se repiten

Un panorama realmente desolador.

Y todo, por supuesto, en nombre de Dios, de la religión cristiana, del avance y el progreso;  de los Reyes Católicos y, más adelante,  de la civilización occidental.

En el fondo, un genocidio, un vil asesinato de seres que, ante los civilizados, aparecían como seres inferiores y, como defendían sus tierras con ahínco, pasaron a denominarse rebeldes, revoltosos, fuera de la ley, bandidos y otras lindezas por el estilo, que se usan a menudo cuando los que detentan el poder y el dinero, encuentran férrea resistencia impidiéndole llevar a cabo sus tareas “progresistas”.

La conciencia occidental y cristiana queda en muy mal pie.

La literatura, en tal sentido, merced a la publicación de textos que ocupan el malhadado descubrimiento como telón de fondo, ha entreabierto ventanas que permanecían herméticamente cerradas, permitiendo mostrar una realidad que los textos oficiales, manejados por conocidos intereses religiosos, sociales y políticos, se esmeraban en ocultar. Es por eso, entonces, que la mirada sobre el acontecimiento histórico “El Descubrimiento de América” ya no posee la connotación que alguna vez tuvo ni menos se debiera prestar para los elogios o para la conmemoración alegre. Indicar hoy a España por ejemplo,  como Madre Patria, resulta  un contrasentido. O llamar Hispanoamericana a Latino America o America del Sur suena como un paternalismo empobrecedor.Más aún,  celebrar el Dia de la Raza con entusiasmo es una provocación a los pueblos extintos o a sus descendientes. ¿Qué eran otros tiempos, qué así era la cosa?. Es posible, pero lo que no tiene tiempo ni época es el genocidio, el aniquilamiento de personas, la devastación de sus tierras, el racismo y la discriminación.

Eso no prescribe.

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